Sintonía: When the saints go marching in

(Coro Santo Tomás Moro)

 

Nota del editor: La sintonía que anima este artículo (¡que suena verdaderamente salerosa!) contiene, no identificable solísticamente, la voz y el timbre más propios de nuestro ínclito JJ. Feliz, miembro del coro que la interpreta (lo cual revaloriza al máximo esta aportación. Y esperamos que se multiplique).
 

 

 

 


¿HEMOS CREADO UN MITO?

 


 

Además de desearos a todos unas muy felices fiestas, quiero aportar mi granito de arena para poder llegar a clarificar alguna vez los hechos imputados a nuestro querido Cascarrabias, quien en el último año creo que se ha convertido, con todo merecimiento, en el principal protagonista de nuestra revista.


 

 

¿QUIÉN ES EL CASCARRABIAS?

Es posible que alguna vez lleguemos a saberlo, pero ahora mismo, a pesar de todas las indagaciones, pienso que se ha avanzado muy poco en la investigación.

A veces vemos indicios que nos hacen pensar que pueda estar en connivencia con la dirección de la revista. Vemos además que desarrolla una gran labor a favor de su difusión dándonos muestras de ser uno de sus lectores más asiduos y de querer invitarnos a todos a hacer lo mismo.

Además colabora activamente, aunque más veces lo convertimos en protagonista, sin que por ello podamos quitar mérito alguno a sus consideraciones y análisis profundos, que a veces parecen penetrar incluso en nuestro perfil psicológico.

Pudiera ser también que todo lo que nos atribuye a cada uno de nosotros formara parte integrante de su perfil.

 

Pero de hecho ni siquiera sabemos con seguridad que el Cascarrabias sea una persona física. ¿Y si le llaman Cascarrabias al departamento de marketing de la revista?

No se conforma sólo con sus colaboraciones, sino que nos estimula a que otros participemos, entre otras cosas, agraciándonos con elogios y felicitaciones, que en más de una ocasión son, al menos, exagerados, para así mantener encendida la luz de la revista.

Es cierto que tampoco podemos olvidar que, además de persona física, puede ser quien menos esperemos. Claro que el Cascarrabias puede ser cualquiera de nosotros o, incluso si se prefiere, que cualquiera de nosotros puede ser un cascarrabias en cualquier momento. 

En todo caso, sea quien sea, para seguir estimulándonos a escribir, podría cambiar un poco el chip y, aprovechando estas fiestas, sustituir sus halagos y felicitaciones por un brindis con unas copas de cava, siempre que no sea, claro está, de esos que boicotean los productos catalanes por aquello de la consulta. Ese cambio de actitud con nosotros no creo que pudiera considerarse como prevaricación.

 

He de dejar constancia de que, entre todo lo positivo que ha aportado el Cascarrabias, a mi entender, también hay un aspecto que en nada beneficia a la revista. Es que quizá puede servir de "tapadera” para aquellos que todavía no se han decidido a participar contándonos algo. Si nos preguntamos por ejemplo por qué aquel compañero que se sentaba a nuestro lado en Las Ermitas o en La Bañeza nunca nos ha contado nada, automáticamente nos viene a la mente que pudiera ser que precisamente él fuera el Cascarrabias y en ese supuesto no podríamos pedirle más.

 

¿CÓMO DESCUBRIMOS AL CASCARRABIAS?

Para poder seguir "jugando a este juego" y poder mantener entre nosotros una sana competitividad para lograr descubrir el enigma, creo que el Sr. Cascarrabias debía aportarnos periódicamente más datos. 

 

Nos puede decir por ejemplo si es más de los Reyes Magos o de Papa Noel; si trabaja, estudia o es simplemente un NINI; o quizá, como tal vez pueda pasar a nuestra edad, un "NININI", o sea que NI estudia NI trabaja NI "na de na".

También nos puede decir si cree que "Podemos", sin más, o más bien cree que "Podemos" acabar de pifiarla por completo. 

Tampoco hace falta que nos cuente intimidades. No tiene que decirnos a quién vota, si vota a favor de unos o en contra de otros, ni siquiera para qué vota, si es que le quedan fuerzas para ello.

Saber si es oriundo de La Maragatería, del Bierzo, de Valdeorras o de la Ribera del Órbigo podría darnos muchas pistas, pero esa información posiblemente fuera en contra de la Ley de Protección de Datos.

 

¿QUEREMOS O DEBEMOS REALMENTE DESCUBRIR AL CASCARRABIAS?

¡He ahí el dilema!

Yo diría que, aparentemente, de momento, sÍ queremos.

Si así lo siguiéramos haciendo, quizá seguiríamos teniendo la satisfacción del deber cumplido y de perseverar en nuestro intento. Además aquel que pudiera gritar con garantía aquello de "eureka", pienso que podría sentirse muy orgulloso de sí mismo al hacerse merecedor de la "corona de laurel". 

Si descubrimos su identidad, yo considero que lo más positivo para la revista sería que se acabaría la "tapadera" para aquellos que pudieran estar refugiándose en ese anonimato. 

Pero lo negativo del descubrimiento sería que caería el mito y, además, se caería "con todo el equipo", con todos los valores que fluían a su alrededor, con todas las ilusiones creadas, con todos los momentos de trabajo en "busca de la verdad", con toda la ilusión de poder identificar alguna vez al Cascarrabias.

Intrínsecamente también llevaría anexionada la melancolía o la morriña. En poco tiempo podría conducirnos a decir ¡que tiempos aquellos en los que no sabíamos quién era el Cascarrabias!

 

Resumamos: ¿Seguimos buscando al Cascarrabias o lo dejamos para siempre en el anonimato? 

Aunque me parece muy difícil y complejo tomar partido al respecto ante este dilema planteado, no quiero esconderme y me considero con el deber de pronunciarme e inclinarme por la opción que me parece mejor. Por eso digo que:

DEPENDE.

 

 

 

¡FELICES FIESTAS!

J.J. FELIZ

Diciembre 2014