Turno por alusiones y reactivación de Telemarañas.


 

Iniciaba el otro día José Benito la presentación para nuestro chat de grupo de su diario de los Cursillos en Villafranca con el siguiente párrafo: 

…Comenzaba el mes de febrero… y el editor de Telemarañas quería material para insertar, preferentemente sobre “cosas nuestras”. Se me ocurrió remitirle este documento para que lo publicara. Y lo que él decidió fue clausurar la revista…

Así dicho, suena a reproche. Sin embargo yo sé que no es tal y que a JB y a mí nos une algo más seguro y duradero que el mero compañerismo. Él también sabe que, antes de "clausurar" Telemarañas, lo consulté y comenté, entre otros muchos, con él mismo.

Aclarando, pues: Los motivos que me impulsaron a silenciar Telemarañas fueron graves y bastantes, al menos desde mi punto de vista, y son de sobra conocidos por todos los colaboradores. Hubo desánimo y frustración por unas noticias que nos afectaron mucho a todos (¡a mí, desde luego!), pero el motivo más decisivo fue la comprobación de que nuestras informaciones, opiniones y datos eran extraídos de la revista para acumularlos a una masa heterogénea de “justificaciones” para atacar de forma generalizada a la enseñanza religiosa y a la educación que se nos había impartido en el seminario. Tal intento contravenía radicalmente los objetivos declarados de nuestra revista y, en concreto, mis razones para publicarla, no en vano yo me siento muy satisfecho y agradecido por el trato recibido en el seminario durante 7 años de los superiores, los profesores y los compañeros, todos ellos inscritos desde entonces en mi panteón de eternos acreedores y amigos.

Estando todos de acuerdo en que no son admisibles ni disculpables ningún abuso ni maltrato que haya podido cometer algún antiguo superior, optamos por el silencio para no disculpar ni defender tal conducta individual y también para evitar que fuera considerada una conducta habitual o colectiva.

La decisión no me planteó ninguna duda y ninguno de los colaboradores consultados se opuso firmemente a ella.

El efecto posterior de este parón refrendó la decisión. De hecho tengo indicios de que ese silencio nuestro ha desfavorecido aquel intento. Así lo espero y me complace sentir que hemos dificultado que tal munición fuera cargada desde nuestras páginas.

No obstante, ese riesgo sigue ahí, pendiente sobre Telemarañas, por lo que aplicaré sistemas para proteger la información contra accesos indeseados y los controlaré en todo lo que me sea posible.

 

El anuncio: Pero ahora, y en los próximos días de forma inminente, vuelve la ocasión

… de traer a la memoria

el gran acontecimiento

que da esperanza y aliento

año a año a nuestra historia.

¡Para Dios sea la gloria,

para los hombres la paz!…

Así que os anuncio desde mi huerto otoñal, huerto que comparto estos días con mirlos y pardales arrecidos, que, antes de que “vuele la vida en pavesa”, acabo de soplar sobre las ascuas para reavivar, aunque sea fugazmente, nuestra revista, Telemarañas.

Mi entusiasmo no es muy grande, sigo más bien desanimado. Así que no esperéis ver grandes cosas.

Ésta de hoy es mi primera falispa de esta nueva temporada, temporada que me conformo con que dure, al menos, hasta el día de Reyes.

Tengo la esperanza de recibir alguna nueva colaboración vuestra, algún chispazo de vuestro ingenio. ¡Ojalá vuestras falispas, que se verán a la vez como pavesas fugaces remontando hacia el espacio y como copos revoltosos desprendidos de la nevisca, acumulen una nevada luminosa, tan copiosa que las crestas de los gallos alcancen a rozar las nubes!

Pero quiero dejar claro que no me gustaría incordiaros para que enviéis colaboraciones. Si ha de llegar alguna, que surja y venga por su propia necesidad de salir a la luz, no forzada por mi tontería de liarnos, a vosotros y a mí mismo, en faenas innecesarias y sin provecho.

 


 

Y resulta que... va y sucede que..., mientras yo me solazo con la vulgar compañía de los pardales y mirlos de mi huerto, nuestro ínclito José Benito recibe la sorprendente visita de un ser fantástico. ¿Por qué él?

MOscardón

¿Moscardón? que José Benito dice haber capturado en su jardín

Por eso oso (¡ja! y ¡ja!), oso por eso pedir a José Benito, en ejercicio de mi turno por alusiones, que se ponga a trabajar, ¡a trabajar!, uniendo esta vez a su ingenio y talento el esfuerzo y la constancia; que se aplique a su propia ascua para producir un chispazo brillante.

Nos podría descubrir, por ejemplo, qué pasó de verdad durante la visita de ese "sin par moscardón" a su jardín, qué ser real se ocultaba bajo ese disfraz volador, qué mensaje le traía, qué augurios le vino a pronosticar; porque no me parece a mí que acudiera a libar, sin más, los néctares Valdorneses. Y debo advertirle que no me extrañaría que ese mensajero se haya ofendido por ser calificado de “moscardón”; porque yo lo veo más bien con aspecto de gran polilla, una polilla de categoría, tal vez mágica, aunque mariposa al fin, que no estaba prestando atención a su trompa libadora ni al regusto del néctar, mientras que JB intentaba dibujarla con trazos de luz. Si no dais crédito a esta conjetura mía, observad atentamente la mirada de reojo que le lanza el insecto. ¿Eh?

Cierra, pues, los ojos, JB; sintoniza el Vuelo Del Moscardón de nuestro amigo Rimsky; entérate del remedio que el Ave-Cisne mágico le da al Zar-Príncipe Gvidón para que pueda transformarse en un ser volador fantástico y encontrar así a su padre; sírvete de tus alas doradas y cuéntanos luego tu experiencia.

Hazlo sólo si te apetece, por supuesto, no lo hagas a la fuerza.

 

Tu chispazo podría ser un reportaje más completo, un vídeo incluso, precedido, a modo de presentación, de una síntesis lírica de las emociones que viviste en el momento de vuestro encuentro. Recuerda que hace muchos años, según tu propia declaración reciente,

"…Aprendiste a cerrar los ojos, a inmaterializar el cuerpo, a volar por un espacio nuevo. Mezclabas sensaciones, imaginación y emociones; añadías la luz, el color, los olores; ponías mucha fantasía y llegaste a saber que las mariposas no sólo vuelan, sino que armoniosamente azotan la cadenciosa brisa de la mortecina tarde. Y tú podías volar con ellas, descubriendo una nueva forma de ser, una nueva manera de estar; y flotabas, dejando que tu espíritu se mezclara con un mundo nuevo, que tu alma se fundiera con la misma realidad, pero vista con ojos diferentes. Luego abrías los ojos y, aturdido, te planteabas si lo vivido había sido realidad o solamente un sueño. Las sensaciones habían sido tan agradables y acariciadoras que ya comenzabas a contar el tiempo que faltaba para una nueva experiencia." 

 

¡Pues eso, ya osé!

Yo, mientras tanto, me aplicaré al diamante en bruto de tu diario de Villafranca para incorporarlo a tu antología en Telemarañas.

¿Hay trato?

 

Guadarrama, 30 de noviembre de 2017