SALUDO PRIMAVERAL

 

Continuación de "Pescando en el fregadero"


 

 

 

Salud, Herminio:

Llamo, en primer lugar, para decirte que he disfrutado un montón con las aventuras y peripecias del raposín Quelistín. Un gran regalo con un envoltorio que es puro amor a la Naturaleza.

 

   

 Luncea  (Colchicum montanun)

 

Luncea blanca

 

Me entra la curiosidad de si las "lunceas" serán las "anuceyas" de mi zona, de las que únicamente conozco el nombre local. Cuando una madre, en tono más o menos enfadado, decía: "hoy vamos a comer anuceyas",  aunque probablemente nadie supiera el significado del término, todo el mundo entendía lo que estaba diciendo: que el trabajo en el campo se había alargado demasiado y que la comida estaba por hacer. La réplica de alguno de los críos era casi inevitable: "pues a mí ya me están rugiendo las tripas desde hace rato". Pero de igual modo lo era la contrarréplica: "pues si te rugen, que te rujan. Hasta que no acabemos, no marchamos pa casa. Mira a ver si encuentras alguna mata de acedas".

 

   

Acedas (Rumex acetosa)

Tallos de prado

 

Acederillas (Rumex acetosella)

Tallos de monte

 

Nosotros también apuñábamos algún que otro "fusero" en el río. No eran precisamente los peces más rápidos, y alguno siempre caía. Era el método más natural, el que siempre estaba "al alcance de la mano", aunque no fuera tan eficaz como el de "amuciar" o el de "la relumbrera", por mencionar sólo algunos.

Los que nacimos con el instinto de la pesca -como el raposín con el de la caza de gallinas- no sabemos vivir sin ella, y nos duele como a nadie la muerte de los ríos (no por la pesca en sí, sino por la falta de vida). Ayer fui a estrenar la licencia a un río cercano (a unos 20 km). No cogí ni la señal, pero vi el estado del río: traía un caudal aceptable para lo menguados que suelen andar últimamente, pero de repente comencé a ver en la misma orilla ranas muertas, una tras otra. Se me hundió la moral. Avisé a quien lo debe remediar... A ver si lo remedian.

 

Rana en busca de asilo (Rana fugens)

 

Un día me preguntaste si quería que mi colaboración de Navidad pasase a la Antología. La respuesta es Sí, pero  me daría pena sacarla de donde está, después de lo bien encuadrada que la dejaste en la velada, con alguien (¿quién iba a ser) llamando a la puerta a altas horas de la noche y alarmando al personal. Y para que el paquete vaya algo más completo, lo puedes engordar, si te parece, con unos versos que tengo por aquí aparcados desde hace tiempo, relacionados ¡cómo no! con el instinto de la pesca.

Ahí te van:

 

 

Elogio de la trucha.

 

Espada hirsuta en pugna permanente

contra la furia que a la mar te empuja,

lanza tenaz, eterna escaramuza

blandiendo el filo frente a la corriente.

 

Motas de sangre exhibes en tu frente

con absoluto orgullo y sangre fría,

sin ocultar ni un gramo tu osadía,

motas de sangre y luto juntamente.

 

En tus entrañas bulle un fuego ardiente

que ha forjado el sentido de tu empresa:

trepar el aire en busca de la presa,

pegarse al fondo cuando se presiente

el látigo sutil desde la orilla, 

burlar al pescador de pacotilla,

pelear sin tregua el hierro impertinente.

 

Tú sabes como nadie que la vida

se encuentra unida al agua de por vida,

y, con que no nos trague la marea

de desechos humanos del progreso,

así será mientras que el mundo sea.

 


Un abrazo y a disfrutar de la primavera.

12 de mayo de 2018

I. Almanza R.