Semana Santa de La Bañeza

 

  

 

 

Gregorio Rodríguez Fernández

 

 

 

Pregón de la Semana Santa,

proclamado el 15 de  marzo de 1989

en la parroquia de Santa María.

 

Seminario Menor Diocesano

La Bañeza (León)

 

Depósito legal: 327-1990

 

 

 


 

A modo de presentación

Esta publicación, que lleva por título genérico SEMANA SANTA DE LA BAÑEZA, es, en realidad, el Pregón correspondiente a la Semana Santa del año 1989, proclamado el 15 de marzo en la parroquia de Santa María y presidido por el Excmo. Sr. Obispo y autoridades bañezanas.

A través de estas páginas evoco las tradiciones y costumbres semanasanteras, al mismo tiempo que ofrezco varios poemas en verso, inspirados en la contemplación de las imágenes de los diversos desfiles procesionales. En ellos he intentado compaginar lo popular, lo sencillo y lo devoto. Se trata de poemas sin demasiadas pretensiones literarias, porque ni soy poeta ni me dedico a la poesía; compongo versos, y sólo de vez en cuando. Eso sí, pretenden ser expresión poética de un tema tan hondamente religioso como la Semana Santa.

La razón de la publicación responde al deseo de muchas personas que así lo han solicitado, después de haberlo oído proclamar en su día. Se publica ahora un poco corregido y aumentado.

Quiero manifestar, finalmente, que este trabajo, por los muchos años que llevo en el Seminario de La Bañeza - en calidad de Rector - no es sino un modesto reflejo de mi sentimiento y admiración por la ciudad y su Semana Santa. 


 

PREGÓN.

Cuando, hace unos días, vuestros párrocos, D. Arturo y D. Santiago, me invitaron a que pronunciase este año el Pregón de la Semana Santa, confieso que acepté la invitación embargado por un triple sentimiento: de agradecimiento, de gozo y de preocupación.

De agradecimiento, porque me ofrecían el honor de exponer un tema tan digno y tan querido por todos los bañezanos.

De gozo, porque el tema pertenece a la médula de nuestra vida cristiana y, si siempre resulta agradable de tratar y exponer por cualquier laico cristiano comprometido, con mucha mayor razón por un sacerdote. Añádase a esto que siempre es gozoso poder exaltar los valores religiosos de un pueblo, faceta relevante de su personalidad. Por otra parte, no podía negarme tampoco por dos razones evidentes: en primer lugar, por el cargo que ocupo de Rector del Seminario, cuya historia está inseparablemente vinculada a La Bañeza, y, en segundo lugar, por otra razón de congruencia personal: son muchos ya los años que llevo en esta ciudad entregado a una labor tan difícil, pero tan  hermosa, como la formación de futuros sacerdotes, de los que la Iglesia está tan necesitada actualmente. Por todo ello he aceptado con gozo dicha invitación.

Pero también, con preocupación. No lo niego. Porque, si bien el Pregón semanasantero nació hace pocos años, ha sido tal el prestigio que le han dado sus pregoneros, que ha adquirido, en breve tiempo, una categoría y una madurez que dudo que yo pueda mantener. Quiero recordar aquí los nombres de mis ilustres predecesores: D. Conrado Blanco González, el primer año; el Dr. D. Antonio Briva Mirabent, nuestro querido Sr. Obispo, el segundo; y el tercero, D. José Juárez Blanco.

Se han dicho ya muchas cosas, muy hermosas y merecidas, de esta ciudad - "Vanieza" en su nombre primitivo -, de sus orígenes antiquísimos, romanos o celtibéricos, asentada cerca del río Duerna. Aquella antigua población fue creciendo, haciéndose a sí misma, día a día, sin que nadie le haya regalado nada, gracias al esfuerzo laborioso y al trabajo responsable de sus tenaces habitantes.

La ciudad en que hoy vivimos, queridos bañezanos, escenario de penas y alegrías, posee un atractivo singular. Sin los inconvenientes de las grandes ciudades, goza ya de las ventajas de la pequeña ciudad. Ha experimentado un envidiable progreso en los últimos decenios debido a la abnegación y al talento emprendedor de sus ciudadanos, lo que la ha dotado de un carácter y un tirón peculiares en toda la comarca.

Con todo, a pesar del ruido y colorido modernos, aún puede escucharse, con un poco de sensibilidad, la música inefable de la nostalgia. A poco que hurguemos, podría parecernos que aún duerme intacto en ella el color pueblerino de antaño, aquellas calles empedradas, sus paseos largos y espaciosos, el eco de nuestras correrías infantiles, su rumor de tradiciones y leyendas…

La Plaza Mayor es el corazón de la ciudad y, en torno a ella, se abre un agradable abanico de zonas verdes, recodos y jardines, que acrecienta su encanto natural.

Por resumirlo de algún modo, yo diría que La Bañeza es rica en valores humanos y cristianos. Fiel siempre a sus raíces, con una rica historia de hidalguía, admite hoy, sin complejos, los calificativos de industrial, comercial, festiva, humana, laboriosa, emprendedora, hospitalaria, agradecida, religiosa, por citar algunos solamente. Y es que cada uno recoge lo que siembra.

Sí, La Bañeza trabaja, reza y se divierte. Su dimensión festiva alcanza su mayor resonancia popular, como es notorio, en sus Carnavales, fiestas y romerías.

Pero la ciudad de La Bañeza es también hondamente religiosa. Se siente interpelada con sólo oír pronunciar el nombre de D. Ángel Riesco Carbajo, en agradecido reconocimiento a sus muchos años de desvelos a favor de sus feligreses y sus Misioneras de la Caridad, vibra al unísono con La Virgen de Castrotierra, faro de toda la comarca desde la atalaya de su santuario, hace gala de un fecundo dinamismo religioso enraizado en sus cofradías, en sus Asociaciones y Movimientos Apostólicos, como Acción Católica, los Cursillos de Cristiandad, la Adoración Nocturna, la Asociación Cristiana de Viudas, los Equipos de Matrimonios de Nuestra Señora, el esmerado plantel de Catequistas… y tiene en la celebración de la Semana Santa uno de los tiempos fuertes religiosos del año.

Puede haber Semanas Santas más ricas, más espectaculares, pero, sin  hacer comparaciones, que siempre son odiosas, y sin miedo a exagerar o equivocarnos, podemos afirmar que la Semana Santa de La Bañeza es una de las mejores de la provincia y una de las buenas de España.

Se corre el peligro, cuando las cosas van adquiriendo un carácter de habitual, de caer en la monotonía y en la reiteración. Es inevitable. A mí me consta, amigos, que, tratándose de vuestra Semana Santa, ya os han hablado magníficamente del arraigo, del profundo calado religioso de la misma en la ciudad, os han descrito con detalle vuestras pasadas tradiciones y costumbres relacionadas con ella, han valorado su arte con suficiencia y rigor, vuestros “pasos”, imágenes y tallas procesionales han alentado a las cofradías a mantenerse vigorosas como un signo de vitalidad de la Iglesia y de la religiosidad semanasantera.

No voy a detenerme y alargarme en comentarios, aspectos y matices ya expuestos por pregoneros anteriores. A mí, por ser un poco aficionado a la poesía, me han apuntado que le confiera al Pregón una especie de enfoque poético y es lo que intentaré dentro de mis modestas posibilidades.

El Pregón es un anuncio, una proclama de algo. Admite formas y estilos, ángulos y perspectivas. Si lo que se pregona es Semana Santa, deberá girar, lógicamente, en torno a ella.

A la Semana Santa hay que acercarse con fe. Sin fe, toda palabra, toda imagen, todo sentimiento, toda literatura, incluso humanamente seductores, carecerían de sentido.

Pienso que el primer pregón de Semana Santa, el primer anuncio de la misma, lo hizo el propio Jesús, cuando dijo: “El Hijo del Hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día” (Lc. 9, 22). Pues bien, a la celebración de los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, la llamamos Semana Santa. Son, por tanto, siete días para el dolor asombrado, para sentirnos amados por Dios hasta el extremo, para aceptar con arrepentimiento la parte de culpa que nos corresponda en la muerte de Jesús y en las lágrimas de la Madre.

La Semana Santa es como un libro, un libro en el que se narran y describen los grandes misterios de nuestra vida cristiana. A su llegada, cada año, ¿no nos parece oír dentro de nosotros una voz lejana, insinuante, quizá de nuestra niñez, que nos invita a leerlo, poniendo en su lectura toda nuestra alma? Es la voz pequeña y misteriosa que invitaba a San Agustín: “Toma y lee”. Toma y lee, pero, sobre todo, aprende. Son muchas las lecciones de vida cristiana que tenemos que grabar en la memoria. Es el momento de escuchar la invitación de San Pablo: “Revistámonos de Nuestro Señor Jesucristo” (Rom. 13, 13).

Cristo va a morir. Va también a mirar las hojas de nuestra higuera y va a buscar fruto. Si no lo halla, si dentro no hay piedad, amor, sacrificio, espíritu religioso, no habremos dado auténtica respuesta a nuestro compromiso cristiano.

Yo no me dedico a la poesía, pero hago versos de vez en cuando. Estos poemas que siguen, sencillas oraciones en verso, quieren ser una especie de retablo poético que me ha inspirado la contemplación de la Semana Santa de La Bañeza.


 

ROMANCE - CONVOCATORIA.


1   Con la cruz de tus pecados

pasa Jesús otra vez,

su vida va declinando

como el sol de atardecer. 

 

2   Va a morir por sus amigos

nuestro Dios y nuestro Rey;

la Semana Santa invita

a caminar junto a Él…

 

3   Mirad la Virgen María.

Aquella dócil mujer

va siguiendo al Buen Pastor

malherido entre la grey. 


 

4   En las huellas de su Hijo

pone la Madre los pies.

¡Qué Madre tan amorosa

y, al mismo tiempo, qué fiel! 

 

5  Si palidece la rosa

y se nos muere el clavel,

la fe nos dice que en Pascua

volverán a florecer. 

 

6   Caminemos, caminemos,

peregrinos de la fe,

que ya viene, tras la noche,

rompiendo el amanecer. 

Dos cofradías, antiguas y venerables, que se remontan a finales del siglo XVI o principios de XVII – La de Jesús Nazareno y la de Las Angustias -  en estrecha y armónica conjunción con sus respectivas parroquias, de Santa María y de El Salvador, dan aliento, impulso y esplendor a la celebración de la Semana Santa.

De la importancia, necesidad de revitalizar y poner al día a las dos cofradías dan fe el reciente Congreso Diocesano Provincial de Cofradías, celebrado en Ponferrada, y  las dos magníficas conferencias pronunciadas hace poco, aquí mismo, en La Bañeza, por dos distinguidos insignes sacerdotes diocesanos, el Ilmo. Sr. Vicario de la Diócesis, D. Marcos Lobato Martínez, y el Director del Archivo Diocesano, D. Miguel Ángel González García, presentes también en este acto.

Otro factor que contribuye poderosamente a dar solemnidad a la Semana Santa y que repercute favorablemente en el sentir religioso de los fieles, son las procesiones.

Las procesiones, bien entendidas, son manifestaciones de sincera religiosidad. Son como altavoces que hablan al alma más por los signos que con las palabras. Pueden dar la trágica medida de la muerte de Jesús. Una Cofradía con su “Paso” – término derivado sin duda de “passio” – es un mensaje de fervor y de piedad, un sermón vivo y una conmemoración sobria a la vez que contundente.

Necesitamos las procesiones. Al contemplar amorosamente sus figuras, nos sentimos más cerca de Él, más cerca del misterio. La procesión pasa y deja siempre el gusto de una fruta que se saborea y que jamás se termina de comer.

 



 

DESFILES PROCESIONALES Y SUS IMÁGENES:

 

Viernes de Dolores: Procesión de “La Virgen de Las Angustias”

Se inicia el desfile procesional en La Bañeza el Viernes de Dolores, con la imagen de La Virgen de Las Angustias, de expresión mística y serenamente atormentada. Su autor es desconocido. Regresa en procesión desde la parroquia de El Salvador a su capilla, después de la novena celebrada en su honor. Constituye un excelente pórtico de la Semana Mayor litúrgica. Va el “paso” escoltado por sus cofrades con túnica negra, capuchón, faja morada, y guantes negros. Los devotos llevan su escapulario. Asisten, además, autoridades, directiva de Jesús y Banda Municipal.

 


 

A LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS

 

      Nacida para el abrazo,

oh Virgen de Las Angustias,

como tierna flor te mustias

con el hijo en tu regazo.

Tu imagen es un retazo

de luz para El Salvador.

Siete espadas de dolor

a ti, la flor de las flores,

te hacen Virgen de Dolores

y también Madre de Amor.

 

      Aunque la ves afligida,

es mujer de temple fuerte,

que sostiene el cuerpo inerte

de su Hijo, autor de vida.

Madre mía dolorida,

solaz siempre deseado,

hoy llego hasta ti, cansado,

playa dorada de arena,

buscando orilla a mi pena

y perdón a mi pecado.

 




Domingo de Ramos: Procesión de “La Borriquilla”

 

La Semana Santa es la actualización de un proceso, el Proceso de la historia, en que los hombres condenaron a Dios por ser inocente. Lo condenaron por santo, por limpio. Porque su limpieza destacaba las manchas de ellos, era un grito de blancura demasiado deslumbrante.

El gozo del Domingo de Ramos fue la señal de apertura. El “Hosanna” del Domingo se perdió entre las hojas de los olivos cortados para dar la bienvenida a un Rey extraño que usa un pacífico asno como regia cabalgadura.

El domingo de Ramos tiene lugar en La Bañeza la procesión de “La Borriquilla”.  

 

 

PALMAS Y RAMOS

 

1   Sale triunfante Jesús
entre salmos de alegría,
recorriendo nuestras calles
sentado en “La  Borriquilla”.

 2   La multitud entusiasta
palmas y ramos agita;
la procesión sabe a júbilo
y a primavera venida

3   con su llegada, cada año,
los árboles resucitan
y los trigales crecidos
van madurando en espiga.

4   Si miramos a Jesús,
sus ojos bondad inspiran;
si miramos a sus manos,
traslucen una caricia.

5   Del Huerto de los Olivos
llega lejana una brisa,
que trae un perfume triste
con olor a despedida.

6   Tras el Domingo de Ramos
la Santa Pasión se inicia;
no te quedes tú parado,
mientras que Cristo camina.

 



  

Martes Santo: Procesión de “La Piedad”. 

El Martes Santo, en Viacrucis procesional, sale “La Piedad” de Gregorio Fernández, en éxtasis dolorido, joya de la parroquial de Santa María, honra y gloria de su iglesia. No necesita muchas palabras, brilla con luz propia. 

 

A LA PIEDAD. (Glosando La Salve).

 

      Dios te salve, Reina y Madre,

de misericordia llena,

dulzura de nuestra vida,

vida y esperanza nuestra.

 

      Dios te salve, a ti llamamos

los descendientes de Eva,

desterrados a este valle

de lágrimas y de penas.

 

      Vuelve, piadosa, tus ojos

amorosos a esta tierra

y muéstranos a Jesús,

fruto tuyo, Madre buena.

 

      Que lo llevas en tu “paso”,

recorriendo La Bañeza,

muerto sobre tus rodillas

para que todos lo vean.

 

      Oh Virgen de La Piedad,

Madre de amor y clemencia,

acógenos en tus brazos

y nuestros pasos alienta.

 

      Tú, vestida de sol,

eres camino y estrella,

enséñanos a mirar

hacia el cielo, nuestra meta.

 

      Para que seamos dignos

de llegar a las promesas

de tu Hijo Jesucristo

algún día. Así sea. 

 



  

Miércoles Santo (a medio día): Procesión del “Santo Cristo Potajero”

El Miércoles Santo, a medio día, tiene su salida, en Las Angustias, el “Santo Potajero”.

Y aquí no puedo menos que resaltar la hermosa costumbre que arrastra el “Santo Potajero”, talla pequeña, casi infantil, que bien pudiera ser del siglo XVII, que en otro tiempo debió ser utilizada para procesión de niños-cofrades.

Recibe este nombre porque al final de la procesión se daba un modesto y sabroso “potaje” a todos los pobres de la contorna, que consistía en una mezcla de garbanzos con arroz, bacalao, pan, una naranja y una pasta. Ahora, como ya no hay pobres, al menos al estilo de entonces, esta dádiva generosa queda abierta a todos los que quieran asistir. Un rasgo de generosidad que conviene resaltar, porque el cristianismo es amor, y el compartir, sobre todo con los pobres, es una de las mejores maneras de ponerlo en práctica. El ágape, creado por el cristianismo, era una comida de hermandad entre los cristianos, con un cierto carácter ritual, y aquel espíritu pervive en estas comidas semirreligiosas.

 

 

AL “SANTO CRISTO POTAJERO”

 

1   Manso, con la cruz acuestas,

los ojos mirando al suelo,

en actitud compasiva

va doblado y sin aliento.

 

2   El cabello por la espalda

en cascada va cayendo

y un trenzado, por corona,

a sus sienes pone cerco.

 

3   Esta minúscula imagen,

de gracioso sentimiento,

fue tal vez “paso” de niños

cofrades en otro tiempo.

4   Fueron los niños y pobres

en su vida predilectos

y en Él los necesitados

encontraron alimento.

 

5   Los fieles de La Bañeza

le tienen un gran aprecio

y el miércoles, a las doce,

le dan acompañamiento.

 

6   Y van rezando el rosario

al lado del Nazareno,

llamado ya, desde antiguo,

“Santo Cristo Potajero”.

 


 

Miércoles Santo (noche): Procesión de “La Virgen de La Amargura”.

El mismo Miércoles Santo, por la noche, en Santa María, sale la Virgen de la Amargura, de la cofradía de Jesús Nazareno, imagen dulce y emotiva de Navarro de Santa Fe, a la que le dedico esta oración: 

 

 A LA VIRGEN DE LA AMARGURA

 

      De aspecto mujer sencilla

vas cubierta con el manto;

lágrimas que aflora el llanto

resbalan por tu mejilla.

Un fulgor de Reina brilla

en tu frente coronada

y la luna, arrodillada,

llena de paz y hermosura,

oh Virgen de la Amargura,

se refleja en tu mirada.

 

      Serena, sin un lamento,

tu imagen se me concreta

como una alameda quieta

donde se ha dormido el viento.

Tan sólo se oye el acento

de un sollozo entrecortado,

cuando su hijo la ha encontrado

en la calle, hacia la muerte.

¡Qué gran consuelo tenerte,

Madre fiel, siempre a mi lado!

 



 

Jueves Santo (noche): Procesión del “Encuentro de El Nazareno y La Soledad”. 

Pero, aun siendo Madre e Hijo, Redentor y Corredentora, las figuras de los actos litúrgicos y de los desfiles procesionales, sin embargo, el protagonista principal de toda la Semana Santa es Jesús.

Nuestro Padre Jesús El Nazareno – de escultor desconocido, aunque indudablemente renombrado – armoniza grandeza y sencillez, dulzura y gravedad, serenidad y sufrimiento. Su sola contemplación cautiva el corazón de los bañezanos. Lo más característico de la talla es una espina que atraviesa su ceja izquierda.

Lógico orgullo de su Cofradía, sale la noche del Jueves Santo, en “El Encuentro”, colocado sobre una espléndida carroza, acompañado por los hermanos de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con túnica, capuchón y guantes negros, cordones amarillos y farol. El “paso”, al anochecer, navega pausada, tristemente, sobre un mar de luces y sombras. Lentamente, a ritmo de tambor, a ritmo de oración, de restregar de pasos, se va a encontrar con el lucero vespertino, La Virgen de La Soledad, de la Capilla de Las Angustias, escoltada por cofrades con túnica, cordones, guantes negros y capuchón morado.

La misma noche parece detenerse para adorar el misterio… Pocas veces se puede gozar tan intensamente la emoción de una procesión como ésta: su silencio, su orden, su fervor; como son todas las procesiones  de la Semana Santa Bañezana: devotas, recogidas, sin ostentaciones superfluas.

Si me permiten, que se detengan las dos efigies y venerémoslas en este encuentro poético:

 

A NUESTRO PADRE JESUS NAZARENO.

 

      La talla casi habla, es el testigo

de Jesús, Dios y hombre verdadero,

que, roto bajo el peso del madero,

invita a que lo sigan: ¡ven conmigo!

 

      Me cuesta serte fiel, pero te sigo

con mi cruz a lo largo del sendero;

levántame, si caigo, porque quiero

compartir tu amistad, mi buen amigo.

 

      Coronada de espinas la cabeza,

una soga anudada a la garganta,

el semblante pacífico y sereno.

 

      A tu lado camina La Bañeza,

imagen viva de Semana Santa,

Nuestro Padre Jesús El Nazareno.

 

 


 

A LA VIRGEN DE LA SOLEDAD.

 

       Ciñe tu espalda y tu sien

un manto de negro luto,

porque se ha secado el fruto

que de ti nació en Belén.

Ojos tristes se te ven,

de tierna Madre que ahora

a su hijo muerto añora

y con su ausencia padece.

Martirio así no merece

esta inocente Señora.

 

      En la dolorosa espera,

que envuelve la noche oscura,

el alma se transfigura,

soñando en la primavera.

Tú, de flores mensajera,

amapola de bondad,

como un oasis de paz,

acompaña al peregrino.

Mírame solo, en camino,

Virgen de La Soledad.

 



 

Viernes Santo (mañana): Procesión de La Pasión.

El Viernes Santo, por la mañana, en la Procesión de La Pasión, junto al Nazareno, hay que colocar un variado retablo de figuras, de mayor o menor valor artístico, pero todas de gran valor devocional; a ellas me refiero, en sucesión cronológica de los hechos que representan: la Oración del Huerto, el Beso de Judas (de Laureano Villanueva, imaginero leonés), el Prendimiento (obra del escultor bañezano Palau), los Azotes, “La Paciencia”, el Ecce homo, la Verónica, San Juan camino del Calvario (talla moderna excelente del escultor zamorano Hipólito Pérez Calvo), el magnífico Crucificado (de Faustino San Herranz, reciente adquisición de la Cofradía de Jesús, en un laudable afán de enriquecer las procesiones de Semana Santa), así como el Descendimiento de las Angustias, que se una en el magno desfile mañanero. 

 




 



A LA ORACIÓN DEL HUERTO.

 

      La noche oscura avanzaba

cuando entró en Getsemaní

y, de rodillas, allí

su cuerpo sangre sudaba.

Un ángel de luz le daba

fortaleza y compañía

en tanto que Él repetía:

Padre, aparta mi penar,

mas quiero en todo aceptar

tu voluntad, no la mía.


 

 


 

AL BESO DE JUDAS. 

 

      Llegó judas, el traidor,

con su gente y le dio un beso,

signo de entregarle preso

como infame malhechor.

Jesús, evocando amor

y antigua fidelidad,

en un tono de amistad

aún reprende al fugitivo…

Que nunca me haga cautivo,

siendo libre, mi maldad.

  


 

 

 

 

 

AL PRENDIMIENTO.


      Contemplad la efigie santa:

nos muestra atadas las manos

por aquellos inhumanos

y un cordel a la garganta.

De pie, su divina planta

que sólo el amor la mueve.

Con su túnica de nieve

y el corazón hecho llama,

¿qué espíritu no se inflama

o qué alma no se conmueve?

 

 

 



 

 

 

A LOS AZOTES.

 

      Dos hombres de aire severo,

actitud impía y ruda,

sobre su espalda desnuda

descargan látigo fiero.

El dulce y manso Cordero

con crueldad es azotado.

Al ver a Jesús callado,

por ti recibiendo azotes,

cristiano, quiero que notes

la gravedad del pecado.

 

 

 

 

 


 

 

 

A “LA PACIENCIA”

 

      Caña en la mano, paciente,

con una tierna mirada

y la túnica morada

duro caminar presiente.

Sentado, pero su mente

recorre ya el necesario

y penoso itinerario

al monte de la esperanza.

Lo divisa en lontananza,

se llama Monte Calvario.

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

  

AL ECCE HOMO.

 

      Míralo con fe. Es el hombre.

Le cubre capa encarnada;

te bastará una mirada

para conocer su nombre.

¿Hay alguien a quien no asombre

que, ante Pilato, la gente

condenase al inocente

y soltase a Barrabás?

Míralo bien y verás

la mansedumbre en su frente.

 


 

  

 

A LA VERÓNICA.

 

      Esta mujer de fe viva,

manto oscuro, velo blanco,

abriéndose paso franco

llega hasta Él compasiva.

En su bondad no la esquiva

y en el paño que ha secado

aquel semblante sagrado

Jesús, humano y atento,

con el fuego del tormento

su rostro deja grabado.

 

 

  


 

A SAN JUAN CAMINO DEL CALVARIO.

 

      ¡Qué porte tan juvenil

y qué apacible ademán

de caballero gentil

muestra la talla de Juan!

 

      Es el discípulo amado,

de corazón limpio y fuerte,

el intrépido soldado

que lo siguió hasta la muerte.

 

      El día de Viernes Santo,

árbol junto a la corriente,

supo reprimir el llanto

y al propio miedo hacer frente.

 

      Tenía alma de cristal,

en fuego de amor prendida,

sigue a Cristo, su ideal,

y arriesga joven su vida.

 

      Viéndolo Jesús tan fiel

Con voz temblorosa dijo,

confiándosela a él:

Madre, ahí tienes a tu hijo.


 

 AL CRUCIFICADO.

 

      Tu misión salvadora está cumplida.

En el árbol de amor fuiste clavado

y dejaste en el aire atormentado

una estampa de muerte ya vencida.

 

      Buen Pastor, que por darme a mí la vida

has muerto, redimiendo mi pecado;

hoy vuelve a tu redil, nunca olvidado,

la oveja infiel que dabas por perdida.

 

      Día y noche delante de tu puerta

llamándote me duermo y me desvelo

porque fuera, sin sol, muero de frío.

 

      Que Tú tienes la herida siempre abierta

y  es muy fácil llegar a ti en un vuelo

a vivir en tu casa, Jesús mío.


 

AL DESCENDIMIENTO

 

      Es José de Arimatea

y le ayuda Nicodemo;

los amigos dan la cara

por honrar a Cristo Muerto.

 

      Bajan por dos escaleras

con sumo amor y respeto

el cadáver de Jesús

para su sagrado entierro.

 

      María, junto a la Cruz,

está a la espera del cuerpo

y, anegada en mar de lágrimas,

acepta con fe el misterio.

 

      Cuando Jesús resucite,

al cumplirse el día tercero,

brillarán para los hombres

una tierra y cielo nuevos.

 

      Él, que descendió a la tierra

como Dios y hermano nuestro,

nos lleve después glorioso

hasta la patria del cielo.

 

      Le pedimos al Señor

Que  nos conceda este premio

Por su Pasión y su Muerte

Y por su Descendimiento.


 

Viernes Santo (tarde): Procesión del Entierro.

Quiero subrayar ahora la procesión del Entierro, el Viernes Santo, por la tarde. Salen, en comitiva procesional, el Cristo Yacente, de brazos articulados, recientemente restaurado, en urna nueva, acompañado de los “pasos” de Jesús Nazareno, Descendimiento, Virgen de Las Angustias, etc. Es la del Entierro la gran procesión de La Bañeza. Además de Cofradías, Excmo. Ayuntamiento y Banda Municipal, pone una nota distintiva la asistencia de la Guardia Civil con fusil a la funerala.

 

 

AL CRISTO YACENTE.

 

1   Tendido así en el suelo,

en urna de cristal, Cristo Yacente,

a ti, con gran anhelo

y espíritu doliente,

te implora La Bañeza penitente.

 

2   Tu amor es infinito

al darnos, oh Señor, gratis la vida;

confieso mi delito:

la rama florecida

al golpe del pecado queda herida.

3   Gozar tu compañía

es vivir en tu casa a cada hora,

en paz y en armonía,

porque mi fe no ignora

que detrás de la noche está la aurora.

 

4   Me duele mi pecado;

un nuevo corazón toma, de suerte

que limpio y perdonado,

no vuelva yo a ofenderte

y viva junto a ti, tras de mi muerte.

 



 

Sábado Santo (noche): Procesión de La Soledad.

El Sábado Santo es el día del silencio, del silencio sonoro. En él palpita un hondo rumor de esperanza. A las ocho de la noche tiene lugar la procesión de “La Soledad”, preludio y anticipo de la Vigilia Pascual, con la que amanecerá el Domingo de Resurrección: el día del amor glorioso.

Sin contenido propio, por tener ya su poema (ver Jueves Santo (noche) “A la Virgen de La Soledad”.

 



 

Domingo de Resurrección – Pascua: Procesión del Jesús Resucitado.

Este año llega con una gran novedad: restaurado “El Resucitado”, de la Cofradía de Las Angustias, se recupera la procesión – perdida hace años – del Jesús Resucitado. Su encuentro con la Virgen de La Soledad, de la Cofradía de Jesús, se efectuará en la Plaza Mayor, con asistencia de las dos Cofradías. 

 

 

AL ENCUENTRO DE JESÚS RESUCITADO CON LA VIRGEN.

  

1   Esta noche no hubo noche,

pensando sólo en el alba.

¡Qué claridad tan distinta

tiene el sol esta mañana!

 

2   Es Jesús Resucitado

que temprano se levanta,

trayendo a todos los hombres

el gozo de la esperanza.

 

3   Resplandeciente, su cuerpo

irradia como una lámpara

resplandor de sus heridas,

luz total, rayo que estalla.

 

4   Lo ve venir por la calle

La Virgen, que se adelanta,

y los dos enamorados

tienen Encuentro en la Plaza. 

5   - Quita, Madre, el manto negro,

por el de alegría blanca,

que no hay lugar para el llanto

en este día de gracia.

 

6   - Acércate, Hijo mío,

lumbre y sol de mis entrañas;

acércate, que yo quiero

plasmar un beso en tu cara.

 

7   Después del invierno el árbol

echa de nuevo sus ramas

y, pujante y victorioso,

florece con nueva savia.

 

8   Hoy el día está vestido

de una luz que no se apaga;

alegrémonos, hermanos,

que es el día de la Pascua. 



 

A través de este itinerario por la Semana Santa de La Bañeza, he pretendido infundirle una especie de aliento poético, si así se puede decir. Nadie ignora, por otra parte, el interés que tanto la Navidad como la Semana Santa han  despertado en la poesía religiosa española, con poetas relevantes que han escrito versos maravillosos inspirados en ambos temas.

Con todo, sin ser el fin específico de mi trabajo, voy a añadir una breves notas sobre tradiciones y costumbres hasta aquí no mencionadas, que definieron o definen el carácter de la Semana Santa Bañezana.

Citaré la “Fiesta del Santo Ángel”, el 1 de marzo (en Las Angustias), reducido hoy a una misa; el “Día de la Guardia de Oración”, el primer viernes de marzo (en Jesús), con la iglesia abierta durante el día y el rezo de 33 credos; el “Día del Triunfo” (en Jesús), el primer lunes siguiente a la Fiesta del Ángel, señalado para el cambio y entrada de la nueva Directiva y Mayordomo de la Cofradía (hoy se dice una misa por los Hermanos difuntos de la misma, que sustituye a la presencia de la Directiva, con cetro, en los entierros); las “Sopas de Ajo”, gustoso refrigerio que tomaban y toman los Cofrades de Jesús, después de de la Procesión matinal de Viernes Santo; el “Día de San Lázaro”, “El Calvario”, “Los Motetes”, etc. Haré mención particular de estas tres últimas.

El “Día de San Lázaro” se celebra el domingo anterior al de Ramos, llamado en otros pueblos “Domingo Tortillero”. Afirman las crónicas antiguas que ya en el siglo XVI existía en las afueras de La Bañeza, por la zona de la actual Ciudad Misionera, una ermita denominada de San Lázaro. La imagen del santo era llevada en procesión por la mañana hasta la próxima iglesia de San Pedro Perix y retornaba al caer la tarde. Con este motivo se organizaba una gran romería, en cuya comida no podía faltar el,  entonces clásico, “Bollo de San Lázaro”. Desparecidas la ermita y la parroquia, la costumbre de comer el bollo supervivió hasta hace algunos años, trasladada, sin que se sepa exactamente por qué, al bucólico escenario de El Puente Paulón y terminó por perderse también debido, entre otras causas, a la dificultad que entrañaba el desplazamiento hasta dicho lugar.

“El Calvario”, tradicional entre las procesiones penitenciales, partía de San Pedro Perix y, al llegar a San Salvador,  los cofrades de La Misericordia (hoy desaparecida) y los de Jesús Nazareno hacían un  alto y compartían las cántaras de limonada. En la actualidad encuentra eco esta devoción en el Calvario de Viernes Santo, con asistencia de la Cofradía de Jesús Nazareno.

“Los Motetes” se refieren a aquellos cantos religiosos de antes, típicos y propios de la Semana Santa (Miserere, Responsorios, etc.), cantados por coros, que podrían encontrar hoy puntual revitalización en el justamente ponderado Coro del Milenario.

No es raro oír actualmente, en conversaciones de familia o de tertulia, frases como ésta: “¡Ahora, como todo ha cambiado… Antes…!”. Efectivamente, han cambiado las costumbres, ha cambiado la sociedad. Nos queda, eso sí, un amor en el recuerdo, una nostalgia, de las cosas que vivimos y que hoy no existen ya .

En La Bañeza, como en otras partes, algunas costumbres y tradiciones de la Semana Santa han desaparecido, mientras otras se mantienen en un claro desafío al paso del tiempo. En aquel entonces fueron válidas; en muchos casos, afortunadamente, ya no los son.

Convendría que, cuando algo desapareciese, porque ya no cumple su misión, fuese suplido con otra cosa nueva; de lo contrario, quitando, sin reponer, nos vamos empobreciendo. Quitar, destruir, es muy fácil; lo difícil, y lo importante, es siempre levantar, construir, conservar.

Existe en nuestros días una tendencia bastante generalizada para restablecer, actualizar, revivir, pasadas tradiciones de carácter profano y religioso. Muchas de ellas pertenecen a la esencia misma de los pueblos. Hay que aplaudir el empeño en la medida de lo posible y de lo viable, siempre que pueda constituir  un elemento enriquecedor de la vida actual. La desaparición de estas tradiciones puede suponer, al menos en algunos casos, una gran pérdida colectiva, la pérdida de nuestra propia identidad histórica.

Sacerdotes, Hermanos de ambas Cofradías, fieles todos de La Bañeza, sigamos íntimamente unidos, trabajando y esforzándonos por mantener el esplendor de la Semana Santa, para que no pierda ni ritmo, ni pulso, ni fervor. Es un reto que se nos presenta de cara al futuro. De nosotros dependerá el conservar encendida esta llama de la Semana Santa, para que los que vengan detrás recojan la antorcha como una rica herencia religiosa.

Ojalá, después de haber vivido con devoción esta Semana Santa, después de haber celebrado piadosamente los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús, quedase dentro de vosotros una sola convicción: CRISTO VIVE. HA RESUCITADO. Yo quisiera que a esto se redujese el mensaje de de mi Pregón.

La muerte de Cristo sigue viva, repitiéndose hasta el final de los tiempos. Cada Semana Santa salen por nuestras calles los “pasos” de madera contándonos “cómo fue aquello”. Y las restantes semanas del año salen por el mundo nuestros pasos de carne a contarnos “cómo aquello sigue siendo”. Porque la Semana Santa no termina nunca. Como dice San Pablo: “Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24).

Sí, siempre es Semana Santa. Y siempre es Domingo de Resurrección. Somos los hombres los que no vemos, los que estamos ciegos. Los que vivimos junto a la Cruz sin enterarnos. Los que lloramos y lloramos junto a la esperanza sin abrazarnos a ella.

¡Aleluya! Porque si Cristo murió, también resucitó y, si resucitó, fue para vivir por toda la eternidad.