Rindiendo cuentas sobre la cosecha de almendras.

Réplica a la

interpelación de J. A. F. Barrio.


Espero que este rollín insustancial nos consiga distraer por un momento de la persistente tontuna de los linderos de la actualidad ("cuando el tonto coge la linde, la linde se acaba, y el tonto sigue").


 

Capítulo 1.- Versión reducida de mi réplica -para los que tienen prisa lectora-.

 

 

Mi almendro de nata


Sí. Lamento confirmar que José Antonio acertó en su primer pronóstico: Todas las almendras cayeron muertas al suelo.

Pero es posible que no acertara en todo; porque ningún otro de mis frutales fue este año víctima de las heladas. Tan solo fueron diezmadas sus flores, “ed por ende” sus frutos, por algunos de los escasos chaparrones de la primavera. Así que todos rindieron frutos, más o menos abundantes, más o menos vistosos, suficientes y sabrosos al fin. Excepto el almendro.

A más de lo anterior, haré constar, a fe de “fiel de fechos”, que “las aladas almas de las rosas” de mi “almendro de nata” sí cuajaron, de almas a almendras, porque yo las vi prendidas de la ramas entre las hojas. Pero esto fue antes de caer al suelo, acontecimiento que me sorprendió tanto que decidí fotografiar el resultado.


 

 

 

Almendras por el suelo, bajo el almendro. 

 

 


¿Cuál fue la causa de la muerte de todas, ¡todas!, sus almendras?

Para esa duda no tengo yo ningún diagnóstico fidedigno. Sólo tengo una sospecha en forma de “espinita clavá”: que las almendras del almendro se malograron a causa de una intervención mía, piqueta y serrucho en mano, para liberar el normal esparrame del agua por el aspersor que se ubica al pie de sus raíces (ver foto supra). En dicha tarea, que coincidió en los días del primer crecimiento de las almendras, hube de extirpar, a mi pesar, una parte del su sistema radical que lo había estrangulado parcialmente.

¿Pudo esta mutilación debilitar su esperado desarrollo? Nunca lo sabré con certeza, porque el almendro no quiere contestar a mis preguntas: “¿Porqué te sequeste, demoñu paleru?”, “¿porqué te sequeste al pie del rigueru?”.

Espero que, en caso de haber sido ésta la causa, él me haya perdonado ya. Menos mal que el almendro no se secó, sólo depuso sus almendras y sufrió la seca de algunas ramillas de su copa.

Así pues José Antonio acertó en otra cosa: yo habré de comprar los "perdones" almendriles para mis nietos y otros familiares y amigos cuando sea menester. 

 

El almendro ahora.

 

Este es el fin de la versión reducida de esta réplica. Aquellos a los que aburre el tema no deben leer sus siguientes capítulos, en los que informaré, ánimo mediante, de otros aspectos de este acontecer, ya que su rollo les va a resultar excesivo, cuando ocurra que continúe, si fuera que fuese así… que, al final, puede ser que así sea. ¡Vaya usté a saber!

 

¡Feliz otoño, pese a esta copiosa cosecha de tontos linderos!

Telemarañas (¡España!), octubre de 2019