Reunión del 3 de Agosto de 2013, sábado, en Astorga



Crónica de la fiesta.

 

Comenzó, como estaba previsto, a las 12 horas en el reloj de los Maragatos. La gente fue muy puntual, salvo los que no llegaron nunca, a pesar de que se les esperaba con mucha impaciencia. ¡Otra vez será! Allí estaban: Alfayate, Victor V, San Martín, Aguirre, Barrientos, Avelino, Dieguez, Ferrer, Mayo, Vicente, Victor R, Ismael, Ángel, José Antonio, Villalibre, Victorino, Elio, Pedro M. y Herminio.  

 

Nos saludamos con unos abrazos muy apretados, tanto como las ganas que teníamos de vernos, y empezó el previsible alboroto de los diálogos más efusivos y atropellados: qué canoso estás, y tú qué calvo, y tú qué viejo, y tú qué barrigón y tú peor…, que se fueron sosegando, a Dios gracias, paulatinamente.

 

A la hora de entrar a la capilla para celebrar la misa, ya todos estábamos más calmados, salvo los oficiantes, Mayo y Elio, que sí delataban ciertos nervios. El único oficiante que mostró temple y valor fue el reverendo Vicente, como queda patente en la foto que sigue. 

 

La ceremonia fue a la vez sencilla por la proximidad y solemne por el respeto, casi excesivo, que el buenazo de Mayo intentó mitigar con un montonazo de sonrisas y otros gestos cariñosos. Para los sordos y ausentes, incluimos el borrador del sermón en la Antología-P. Mayo.

 

¡Querido Mayo, así conviertes a cualquiera. No decaigas! Y no te preocupes porque pareciera que estos no se atrevían a cantar, que yo te aseguro que allá, en el fondo de sus almas, cantaban igual que los aviyines, pero sucede que son un poquito tímidos o atolondraos, o lo que sea que son. Bastante tenían con aguantar las llantinas… Aunque, al final, algo de eso asomó también en los más blandengues, que los hay. Y ya viste cómo te hicimos caso a la hora de darnos la paz: ¡Esos sí que fueron abrazos! 

Ah, y rezamos con todo el cariño por los que nos faltan de forma más permanente. 

 

Para entonces ya había llegado Neira con olor a miel de brezo y sin aguijonazos de sus abejas. Como penalización por su falta de puntualidad, el concejo de senadores lo condenó a pagar una pena de veinte libras de cera, cinco cántaros de vino y un panalín de miel para cada uno de los asistentes, que deberá hacer efectivos con ocasión de la próxima fiesta. Los 5 cántaros de vino son para todos, no cinco para cada uno, que luego os da el delirium tremens y hay que llevaros a la cama.
 

Al final de la ceremonia llegó don Gregorio, dispuesto, como siempre, a hacer lo que fuera menester para poner un broche final de oro con sus décimas “A Maria Inmaculada”. Pero hete aquí que surgió una bendita porfía en la tarea: aconteció que Elio no pudo resistir el impulso místico de su osado corazón e impuso, con acierto, su protagonismo en tal contienda. Aunque yo creo que ganó por la rapidez de su sprint y por la sorpresa del oponente, que, si no… Por desgracia su victoria hizo que nos quedáramos sin saber cómo podría sonar aquella oración magistral, compendio de teología, devoción y amor filial, en la voz de su propio autor. Primera falta, aunque leve, de atención al Maestro. ¡Y que no iba a ser la última!

 

A María Inmaculada

Gregorio Rodríguez Fernández 

   ¡Salve, Madre Inmaculada,

purísimo relicario,

cuna de Dios y sagrario,

mujer bienaventurada!

Dios, que creó de la nada

un mundo feliz y hermoso,

sin dar al pincel reposo

dio formas a lo creado.

Quiso hacerte sin pecado

en su designio amoroso.

 

   Porque tu presencia ardía

en la luz de otra presencia,

y en cosecha y en herencia

floreció la profecía...;

porque en tu ademán, María,

resonaba otra verdad,

y en la antigua soledad

del hombre se abrió una estela,

por ti el alma vuela y vuela

buscando la claridad. 

 

   En ti se remansa el vuelo

del deseo dolorido,

en ti ha puesto Dios su nido,

sueña la tierra y el cielo.

Ya es consuelo el desconsuelo,

la muerte, resurrección.

Y pues curas la erosión

de la vida y su tarea,

no nos falte en la pelea

tu maternal protección.

 

   Una oración te elevamos,

Virgen de nuestros amores,

por alumnos, profesores,

que, muertos, los recordamos.

Ruega a Jesús, suplicamos,

Aurora de Sol divino,

que, a imagen del peregrino,

ellos, tras años de andar,

puedan en paz descansar, 

terminado su camino. 

Allí brotó entonces un conmovido aplauso. ¿A quién iba dirigido: al intérprete, al poema, al autor, o a Nuestra María Inmaculada? ¡Esta claro, muy claro!


 

Y ya, inmediatamente, se produjo el reencuentro colectivo e individual con Don Gregorio, que él personalizó a su manera, seguido de la salida hacia el lugar del almuerzo. 

 

El cocido resultó muy apetecible en su orden maragato: primero la ración, contundente; luego los garbanzos, sabrosos; y, al final, la sopa de fideos, saladita que no graciosa. 

Con un postrecito, un cafelito y un chupito… llegó el momento del brindis; pero… ¡ay otra vez!. Por las prisas del acelerado de siempre, que andaba repartiendo a cada uno de los asistentes el regalo de don Gregorio (La Inmaculada En La Poesía Española), nos olvidamos del brindis, otra vez en décimas, del Maestro. Segunda falta y mucho más grave esta vez; porque no brindó nadie. Si es que ya os he dicho mil veces que hay que hacer un programa detallado y respetarlo escrupulosamente… pero, nada, vosotros, a lo vuestro: recuerdos a montón, risas a carcajada limpia, filosofía barata, política de andar por casa e improvisación permanente. ¡Que me tenéis de los nervios! 

Brindis

Gregorio Rodríguez Fernández  

   

      Siguen girando en su noria

el pensamiento y la vida,

se alejan -rápida huida-

los años de nuestra historia.

Días de feliz memoria

llegan del tiempo vencido.

Hoy reunión hemos tenido

exalumnos, hechos hombres,

de la adolescencia nombres

que no ha borrado el olvido.

 

 

   

      Pasa el tiempo, pero dura

el recuerdo y la esperanza,

siempre hay un barco que avanza

y un ave buscando altura.

Y hay una amistad segura

desde ya lejana edad,

y una solidaridad

que a ninguno hace el vacío.

Por eso, alzad con el mío

vuestros vasos…, y brindad.

 


  

Claro, así pasó que nadie se acordó para nada del romance propuesto para final de la tertulia. Y esta fue la tercera falta, gravísima para con el Maestro. ¡Que sodes igual que Pedro en ca Caifás; y sin gallo que vos alvise…Maldita sea! Nada, don Gregorio, que no le queda más remedio que apuntarse a la próxima. 

 

Recuerdos de un exalumno

del Seminario Menor de La Bañeza

Propuesta para la tertulia de Gregorio Rodríguez Fernández
 

   El año sesenta y uno,

que se queda un poco lejos,

ingresé en el Seminario

de La Bañeza, de estreno.

 

   ¡Seminario!, qué palabra

para arrullarla en secreto,

para sonreír, de pronto,

pronunciándola en silencio.

 

   Suena, en principio, a estudiantes,

muchos venidos de pueblos,

a pedirle a Dios la luz

de llegar a conocerlo.

 

   Suena también a rumor,

a patio florido de ecos,

a canción de quienes van

juntos el camino haciendo.

 

   Suena a romance infantil,

a transparencia y a verso,

a nido donde se empieza

a ensayar futuros vuelos.

 

   Sabe a nostalgia, a ternura,

a candor, a pozo nuevo,

que da un agua milagrosa

al corazón polvoriento.

 

   Aquel Seminario blanco,

treinta y cuatro años abierto,

cerró sus puertas, al ritmo

de los signos de los tiempos. 

 

   En él, felizmente, tuve

amigos, que aún conservo,

a las normas me entregué,

quise obrar de modo recto.

 

   Dejé trozos de mi vida

entre clases y cuadernos,

exámenes, ratos libres,

misas, rosarios y juegos.

 

   A las notas oficiales,

fruto de mi diario esfuerzo,

supe añadir estas otras,

según mi propio criterio:

 

   Aprobado en alegría,

en fútbol, tal vez, suspenso,

notable en las esperanzas

y sobresaliente en sueños.

 

   A profesores y alumnos

que viven, les guardo aprecio,

y a los fallecidos ya

con pena en falta les echo.

 

   Tres de agosto, dos mil trece,

en Astorga es este encuentro,

donde comparto vivencias

con antiguos compañeros.

 

   ¡Al Seminario de entonces

desde la distancia he vuelto,

a repasar como un libro

inolvidables recuerdos…! 

  

Luego hubo un regalito para cada uno de los colaboradores de Telemarañas y, como el editor es tonto de capirote y se lo cree todo, repartió unos cuantos a cambio de la promesa de futuras colaboraciones, fiándose de testigos… ¡El timo de la estampita, vamos, que lo digo yo!.

 

Menos mal que José Antonio, Ángel y Mayo consiguieron ordenar un poco el debate final para acordar que la próxima cita, Dios mediante, tendrá lugar el jueves, 6 de Agosto de 2015, si se comprometen a acudir nuestros compañeros párrocos; o el sábado, 8 de Agosto de 2015, si no se comprometen a acudir.

 

Vuelta a los abrazos y emociones: ¡no me faltes a la próxima!. “A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero…” ¡que no me faltes a la próxima!

 

Y cada pardal a su espigal.

 

¿Sabéis lo que os digo?: que esta no es una crónica seria ni nada que se le parezca. Así que lo dejo ahí y ya podéis imaginar el resto.

 

Desde Astorga les informó El Arañón.

 

P. D.

 

- ¡Vaya un periodista de tres al cuarto que nos dio Dios por compañero!

- ¡Dígotelo yo: gente ruin! Pa mi qu’este ni está titulao ni na… vamos, qu’es un pirata…

- ¡Eso de todas, todas! Y los buenos no vienen, no acuden… así que no pueden informarnos.

- ¡Al final puede ser que… vaya usté a saber… lo que pasó allí!