«¡todos somos necesarios!»

PREGONÓ LAS FIESTAS DE TURCIA CON mucho recuerdo para aquel inventor incomprendido que ideó un avión sin combustible y también para los trabajos, gentes, sitios y anécdotas de este rincón de la ribera que es el reino de los pérez

 

 

santo y seña: Angel Pérez Martínez

nacencia Turcia, 1946

formación Diplomado en Ciencias Humanas por la Universidad de Oviedo

lugares Habló de muchos. Y de esa nostálgica expresión turciana en el exilio: «¡Quién pudiera ver los ‘Praos Prietos’!»

En Turcia hay personas muy importantes que podrían haber pronunciado este pregón mejor que yo. No obstante, ténganlo siempre presente: ¡Aquí todo el mundo es importante!». Un pregón que así comienza ha de ser, por fuerza, digno de toda atención —recuerda, a la inversa, al amanecista«todos somos contingentes, pero tú eres necesario»—. Y fue su artífice Ángel Pérez Martínez, turciano de pro (o turciense, o turcio, o turcino, o turgio, o turruptiano, que todos estos movedizos gentilicios serían aplicables al pueblo riberano sin sonrojo para los académicos de la Historia y la Filología).

El viernes lo pronunció pero lejos del balcón consistorial, no fue una de esas alocuciones como de alcalde o burgomaestre que anuncian con alborozo la llegada del telégrafo, no; él se echó la capa a los hombros y, flanqueado por dos guardiaciviles de pega —quedaba poco claro si en actitud de escolta o de arresto—, con su nieto Hugo como lazarillo, recorrió las calles de Turcia hablando de las cosas del ti Mengano o las del ti Zutano, de los viejos topónimos alfombrados con hojas de chopo, hoy aventados por la concentración parcelaria, de santos trabajos, caminos y animales con su nombre propio y sus propias, prestosas, dignísimas historias.

No tardó en ponderar a todos aquellos «que sembraron trigo o garbanzos en El Castro, a las y los que entresacaron remolacha en Las Regueras y a los que en junio segaron la hierba en los praos de La Cachana o en los praos del Campo». ¿Y por qué ese encomio tan apasionado de tareas que son hoy pavesas de memoria? «Porque gracias a todos ellos ahora hay en Turcia médicos, ingenieros, profesores de universidad, cargos de dirección en entidades financieras, abogados, directores de colegios, maestros, empleados de banca y de telefónica, y funcionarios: de prisiones, de administración, de correos, del orden público, etc.». No es endeble, por tanto, la razón.

Ángel Pérez, gran recopilador de los asuntos de su pueblo, tiene el afán de que las nuevas generaciones conozcan y reconozcan los hechos protagonizados por personajes célebres que aquí atisbaron su primera luz. Y de ahí que el viernes hablara de ilustres nombres turcianos (o turcienses, o turcios, o...), por ejemplo del inventor Fray Antolín de Antoñán, que hablaba seis idiomas y que en la huerta de los Capuchinos de León ideó un revolucionario sistema de movimiento continuo con el que hizo elevarse en el aire un pequeño avión sin empleo de energía alguna y para pasmo de toda la congregación. Y aunque patentó el ingenio y marchó a Venezuela, murió en la selva en 1938. También trató de canónigos como José Pérez y Adolfo Pérez (el inventor de más arriba también apellidaba Pérez); del veterinario Prisciano Martínez (y Pérez), Tano Curina, presidente que fue en Cataluña del Club de Fútbol Manresa y alcalde de San Vicente del Castellet; pero eso sin olvidar al obispo misionero Santiago… Pérez, ni, por supuesto, al actual subdirector general del Gabinete Técnico de la Policía Nacional… ¡José Manuel Pérez Pérez!

Y tuvo tiempo el bueno de Ángel para desdoblar arcaicos saberes locales, como esas cinco ‘ces’ que identifican los espacios desde los que los turcianos (o turcios, o...) entienden el mundo: Cantalgallo, el Castillo, el Castro, santa Cristina y el Camino de Astorga. Y viejas anécdotas como la de aquellos dos burrines enamorados de por vida, Platero y Canela, a quienes sus dueños veían pastar amorosamente juntos por la veiga y se enfadaban: «¡Estos animales se van haciendo viejos y no nos dejan descendencia!», y luego murieron casi a la vez, amantes de Teruel pero en versión jumento.

O la del señor Generoso, que compró en León una vaca y ya en casa fueron tantos y tantos los vecinos que se allegaron para comentar o estimar sus bondades, porfiando sobre si estaba o no en estado, que acabó por saltar, rabiudo, el Ti Generoso: «¡Home, home, home…! ¡Ya está bien! Si la vaca está preñada o no, no lo sabemos, ¡pero lo que sí sabemos es que por donde empreñar se ve que tien!».

 

Resumen/extracto del pregón debido al prestigioso periodista Emilio Gancedo

 

Publicado en el Diario de León - Sección Revista el 24/08/2014