OLMOS DE LA CARRETERA


 

 

El Paseo de los enamorados.

En Galaroza, pueblo natal de mi esposa donde actualmente vivimos, en la Sierra de Aracena (Huelva), siempre se denominó popularmente “Paseo de los enamorados” a esta travesía que, flanqueada hasta hace unos años por una veintena de olmos centenarios, lleva desde la salida del pueblo (en dirección a Portugal) hasta el puente sobre el río Múrtigas.
Muertos los olmos, también ha muerto la magia del Paseo.



Olmos de la carretera,
gigantes de grandes brazos,
proveedores de sombra,
albergue de muchos pájaros.
Ayer vigías altivos,
víctimas hoy del asfalto.
Plantados en otros tiempos
de vida más reposada,
cuando los ricos viajaban
en carroza engalanada,
el hidalgo en sus caballos
bellamente enjaezados,
los más ricos de los pobres
a lomos de humildes asnos;
todos los demás, andando
-algunos de ellos descalzos-
caminan con parsimonia
cada cual a sus trabajos.


Testigos sois de la historia,
durante siglos contada
por todos los transeúntes
que a la sombra descansaban;
por los viejos del lugar
que, en vuestro tronco su espalda,
se apoyan en sus bastones
comentando las noticias
al calor de la mañana.
Y, cuando cae la noche,
vienen los enamorados.
Y el viento, que es muy curioso,
jugando con vuestras ramas,
hace que las sombras huyan
como si fueran fantasmas...
y  entonces la luna llena
sorprende al chico robando
un fugaz beso de fuego
a la chica de ojos claros.
Fueron libros vuestras hojas
de amores apasionados,
de romances prohibidos,
de esperanza fracasada;
también de amores eternos
que, con edad ya avanzada,
visitan, cuando pasean,
el corazón y la fecha
que dejaron, cuando novios,
en vuestro tronco grabada.


 

Pero todo esto es pasado…
la vida cambió de siglo
y, año tras año, la ciencia
nutre de nuevos inventos
al mundo que, poco a poco,
va dejando en el olvido
aquellos pausados tiempos:
Donde había carroza hay coches,
donde caballos hay motos,
donde asnos bicicletas,
donde había tierra hay asfalto
que rodeó vuestro cuello
hasta conseguir ahogaros.
No habéis tenido la suerte
del seco olmo de Machado
que, aunque hueco y carcomido,
"con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido"
.*
Nadie podrá "anotar en su cartera
la gracia de
vuestra hoja verdecida".*
¡Olmos de la carretera:
Ya no tenéis esperanza,
ya no habrá más primavera,
os han quitado la vida!

F.BARRIO                                   
Noviembre 2016 
                  

* A un olmo seco (A. Machado)