OLIVOS DE LAS ERMITAS


 


Hunde el centenario olivo 

su raíz en la empinada sierra,

chupando de la pobre tierra

la esencia para seguir vivo.

Apoya el tronco agrietado

en la piedra, que le da

firmeza, sostén y ayuda

frente al viento huracanado.

La piedra, fiel compañera

en calurosos estíos,

inviernos largos y fríos

y frondosas primaveras.

En otoño su aceituna

cambia a negro el color verde

y espera ya que el molino

la transforme en fino aceite.

Como faros milenarios

mostrabais al peregrino

cuál era el mejor camino

para ir al santuario.

 

 

¡Olivos de Las Ermitas,

visteis mi niñez pasar,

visteis al niño crecer,

visteis al niño llorar!

Vosotros sois los primeros

que rompisteis el candor

de la atrevida ignorancia

de aquel niño soñador,

al creer desde la infancia

que cada olivo produce

la aceituna de un color.

Negro es negro, verde es verde.

Y pasados muchos años,

ya con canas en mi sien,

volví para visitaros,

y no a todos encontré.

 


La fortuna, que es cambiante,

me afinca en una región

de olivares abundante.

No me produce emoción,

la emoción que yo sentía

cuando tenía ocasión

de vuestro fruto tocar

que ya de negro vestía…

 

¡Olivos de Las Ermitas,

os llevo en el corazón!

 

J. A. FBarrio.

 

Galaroza, Junio 2014