Canela y Platero; Platero y Canela: morir de amor. 


 

 

 

Atendiendo a las reiteradas peticiones de algunos admiradores injustificados… Os contaré, por ver de amenizaros estas veladas[1] de los días navideños y para rendir tributo a nuestro admirado Juan Ramón Jiménez y su borrico Platero, la historia de aquellos fabulosos “amantes turcianos”. Es un extracto del pregón de las fiestas.

 

 

… Y ahora: una de aquellas historias que entretenían nuestras veladas de antaño, sustituyendo durante mucho tiempo a los programas de radio y de televisión:

Es una anécdota que refiere un hecho real en el que intervinieron dos personajes célebres de Turcia: el tío Félix “Menudo” y el tío Indalecio.

Este último era hermano del tío Policarpo, memorable por ser el último a quien vimos con la vestimenta de la época: ropa negra, recia, áspera, apretada a las piernas, llamada “ataquéiras” o “bragas”[2], hermano también del tío Froilán y del tío Justo “Malagón”. El tío Indalecio era tuerto y dicen que la vista del ojo perdido le pasó para el ojo sano, por lo que por este ojo veía el doble (¡menudo faro!).

 

El tío Indalecio compró un burro a un borriquero[3] de aquellos que andaban acarreando piedra desde el Barbadiel o desde Valdelafuente para formar el firme de la carretera.

 

El burro era un ejemplar grandote, fuertote, acostumbrado al trabajo rudo, muy disciplinado (la reata a la que pertenecía caminaba siempre en fila india, a paso lento, pero terriblemente constante, ataviados con colores atractivamente llamativos).

Atendía al merecido nombre de “Platero”.

Nuestro burro resultó muy afortunado con el trato[4], que le permitió cambiar las interminables jornadas de acarreo de piedras por otras más descansadas y placenteras, como vamos a ver más adelante. 

 

El tío Menudo, por su parte, tenía una burra muy fina, elegante, que se hacía notar entre las demás... Podría decirse que era una burra guapa, muy guapa. Atendía ella al dulce nombre de “Canela”.

 

La adquisición de Platero por el tío Indalecio coincidió con la llegada de la primavera, cuando comenzaba también la época de la vecera[5]. Por eso, una vez que
Platero adquirió los derechos de vecindad[6], fue conducido hacia “Las Estomas” (una especie de humedal grande, protegido por la sombra de los chopos que delimitaban las fincas y prados de la zona). Allí se encontraría con el resto de burros, burras y vacas del pueblo (los caballos no iban a la vecera porque mordían a las vacas y, seguramente, no abundaban por su precio de compra, superior al de los burros). Allí quedarían a las órdenes del pastor de turno para llevarlos a pastar a “La Veiga”.

 

El primer día en que “Platero” acudió a la vecera, enseguida se fijó en una burra guapa y fina que destacaba por sus atractivos entre todas las demás. Era “Canela”. Y entre ambos surgió el flechazo.

Al día siguiente, cuando desde Las Estomas la vecera partía hacia la Veiga, ya iban juntos, inseparables, como dos enamorados.

 

Cuando llegaban a “La Veiga”, se dirigían de inmediato a Los Añedos de Santa Marina[7], como buscando un espacio recóndito, reservado, íntimo a ser posible. Cuando Platero encontraba un rodal de hierba fresca y florida, reclamaba a Canela para compartir los mejores bocados; comía un cardo “Canela”, comía un cardo “Platero”; meaba “Canela”, meaba “Platero”, y en el mismo sitio…

Pasó el tiempo, un largo tiempo de bonanza borriquera, años y años de dulce convivencia asnal, que desafortunadamente no produjo los frutos habituales del amor... Cuentan que un buen día el Tío Indalecio le dijo al tío Menudo: ¡¡“Isque coño, Menudo!!, estos animales se van haciendo viejos y no nos dejan descendencia”.

Sí, lo intentaron en varias ocasiones, pero no fue posible; hasta lo intentaron con la ayuda de la tía Aurelia (la de Guarín), dueña del burro "Garibalde", mujer experta en estas lides, quien les cantaba para animarlos, para ponerlos en ambiente; pero todo resultó estéril.

 

Un día de junio, durante la siesta, y en plena temporada de siega, cuando más falta hacían los burros para transportar a las personas y las vituallas hasta los pagos más alejados del pueblo, Platero abandonó este mundo, al parecer a consecuencia de un infarto, y Canela, emulando a “los amantes de Teruel”, en un ataque incontrolado de pena y soledad, de melancolía, de “corazón roto”, murió al día siguiente por la mañana, causando el asombro y un gran desencanto en el Tío Indalecio y el Tío Menudo.

 

Las valoraciones del penoso desenlace son dispares en Turcia. Los más realistas, racionales, (científicos ellos), lo atribuyen a una intoxicación crónica por el abuso de los cardos. Otros, más idealistas, preferimos limitarnos a hilar las hebras de los hechos, unos más certificados que otros: así, contaba nuestro célebre y querido Pío que, desde su casa, a las puertas de Las Estomas, algunos días de comienzo de primavera, al quebrar el alba, se oía como trote de animales; salía corriendo a la puerta para descubrir qué pasaba y divisaba, a lo lejos, en la bruma matutina, ya en plena rodera de Las Estomas, dos grisáceas siluetas de jumentos, pastando en dirección a La Veiga. Y suponemos que sí ¿se puede? morir de amor. En cualquier caso, hoy es muy fácil y aconsejable prevenir los riesgos de infarto. 

 


 

 

Turcia 28 diciembre 2014

Día de los Santos Inocentes

 

 

Insisto: ¡Que seáis muy felices!

 

ÁngelP.

 

 


 

Noticia adicional de última hora: el volquete[8] del tío Venancio, que se encontraba, como todos ustedes conocen, totalmente escojonado[9] y en paradero desconocido, ha aparecido. Se encuentra a buen recaudo en el museo particular de nuestro apreciado vecino Paco Cordero, quien lo ha rehabilitado, una vez adquirido a unos mercaderes que le contaron que el volquete había permanecido secuestrado junto con el ilustre Carro de Manolo Escobar.


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[1] Velada – filandón – reunión de familiares y vecinos en casa de uno de ellos para pasar las largas noches del invierno al amor de la lumbre, a la luz de un candil o una vela, entretenidos con relatos, cantares, juegos, faenas domésticas (filar lana o lino, tejer, esbotar judías, desgranar maíz, picar hortalizas para la comida de los animales, rezar…)

[2] Ataquéiras o bragas – pantalones de medio pernal de estameña (tejido de lana).

[3] Borriquero – dueño o conductor de una reata de burros.

[4] Trato – en este caso se aplica al acuerdo de compraventa de animales.

[5] Vecera – manada, atajo o rebaño de animales, integrado por los de varios vecinos, que salen al pasto juntos y confiados a un único pastor, tarea que es ejercida por turno (vez) de todos los propietarios.

[6] Derechos de vecindad – cada vecino tenía derecho a llevar un número determinado de reses de cada especie a pastar a los pastos comunales o coutos.

[7] Añedos de Santa Marina - Terrenos lindantes con los de Santa Marina del Rey, pueblo vecino, añadidos al terrazgo propio de Turcia.

[8] Volquete – carro dotado de una articulación que permite volcar su contenido para evitar el trabajo de descargarlo.

[9] Escojonado – figuradamente: destrozado.