Cineforum. Mi Tío (Mon Oncle - Jacques Tati – 1958)


 

 


Mis comentarios.


Hallo, mes amis! Bonjour à tous.


Primero, lo primero: me veo obligado, harto de vergüenza, a pediros perdón por haberos prometido un remedio milagroso para los pesares de la decrepitud. Lo hago porque he comprobado su ineficacia: solamente me reí un par de veces con los gags de la película y, al final, me dejó un regusto desagradable, bastante amargo.

El tal remedio resultó ineficaz, casi contraproducente. Lo siento.

Decía Daniel Andreas (filmaffinity) que “los franceses hacen la tortilla sin patatas y las comedias sin humor. El resultado es el mismo: ni la tortilla francesa ni las comedias galas tienen la más mínima gracia. La excepción a la regla es, por supuesto, Jacques Tati. Un prodigio de elegancia, originalidad y sutileza, combinadas con un inmaculado sentido del humor y la ironía”. Pues no estoy de acuerdo. Baso mi desacuerdo en la reacción de mis vísceras más que en mi reflexión: Al final de la  película me desagradó profundamente esa crítica acerba, rigurosa, despiadada, tan desmedida y universal. Ahora me pregunto cómo pudo resultarnos tan grata esta misma película hace 58 años y he comprobado que a mis nietos apenas les hace gracia. Sería, sin duda, por tantas ganas que entonces teníamos de reír.

 

Hoy no me apetece comentar que:

  • El guión ataca las grandes cuestiones de la sociedad de aquellos años -tras tantas guerras- de una forma casi imperceptible, imparcial, como sin darles importancia, sin comprometerse, poniendo de manifiesto las virtudes y problemas de cada opción ante cada cuestión para dejarnos a nosotros la libertad de valorar.
  • El argumento parece enfrentar la potestas paterna contra la permisividad del tío en la educación de un niño. ¿Es así? En realidad tan sólo las coteja en sus efectos inmediatos, en la simpatía o carcajada que provocan; pero, al final, el desenlace termina compensando la parcialidad aparente. ¿O no?
    • Solamente no es imparcial con el título: “Mi Tío”. Es la denominación que usaría el sobrino para identificarlo. Los guionistas pudieron -pero no lo hicieron- elegir la denominación que usaría un cuñado: “Mi Cuñadísimo”. Con esta elección de denominación manifestaron su preferencia.
    • Con su nudo y sus conflictos, parece un alegato facilón contra la burguesía y las clases acomodadas, contra el consumismo, contra el maquinismo; a favor del proletariado y del humanismo. Pero yo opino que esa valoración sería equivocada y simplista.
  • Entre los personajes
    • El tío, monsieur Hulot, aparece como un tipo “medio chalao”, “casi divino”, pero “desbaratao”. Un parado, despreocupado, alegre solterón, deshacedor de entuertos, siempre dispuesto a cargar con la responsabilidad de cada desastre. ¿Un perdedor? ¡Qué va, qué va! Lo visten disfrazado con gabardina, sombrero (a veces en el bolsillo), pajarita marrón, pantalones a media pantorrilla, calcetines rayados, cachimba, paraguas con una ballesta rota. Vive en la buhardilla de una casa que parece de cuento, naíf, toda escaleras, también “desbaratada”, entre unos vecinos humildes, esperpénticos, pero vivos. Cuando hace de canguro para su sobrino, le da libertad de movimientos bajo un control cómplice; lo lleva de la mano, lo pasea en su “velo”, le regala un chiflato y un monigote articulado de Charlot ¿guiño a “Tiempos Modernos”?.
    • Los Arpel (padres del niño) aparecen como unos tipos “requetefinos”, “medio chiflaos”, hinchados como globos moral y físicamente, siempre condicionados por sus relaciones sociales. Viven encasillados en una casa ultramoderna, con mucha apariencia, pero ¿inhabitable? El padre le regala a su hijo una locomotora que no le llama la atención en absoluto. Los Arpel se empeñan en cambiar la vida de monsieur Hulot buscándole trabajo y una esposa “a su medida” (la de ellos). Además monsieur Arpel siente celos por la complicidad de su hijo, el niño Gerard, con su tío y no aprecia la influencia ¿negativa? que pueda tener en su educación. “¡No, no y no!”.
    • El niño, Gerard, es presentado como una página en blanco, sin más. Se aburre en su familia y se divierte a tope con sus amigos golfos y su tío permisivo. ¡Elemental!
    • La vecina y pretendiente del tío, aparece víctima de sí misma, tal vez excesivamente ridiculizada como una “cacatúa”, o una “gallina turulata” o una “sardina enlatá”, condenada a vivir frustrada y “sola en un caserón”.
    • Los demás personajes, todos arquetipos pintorescos de franchutes, son: el basurero, el barrendero, los verduleros, una secretaria… y los perros del barrio.
  • La banda sonora compone un tema ligero, alegre, bailable, que circuló en nuestros años con una letra en castellano.
  • Los diálogos apenas importan, los efectos especiales sí, mucho.
  • El desenlace no resuelve las cuestiones supuestamente planteadas, tan sólo pinta unas escenas en que parece compatibilizar las opciones contrapuestas, ablandando los gestos más duros antes de restablecer el orden a las bravas, mediante el extrañamiento del tío.

Valoración final: A mí me llaman la atención dos escenas del final: Un cura haciendo el payaso en la fila de viajeros que se atropellan en la entrada del aeropuerto y dos guardias vigilando en las afueras el despegue del avión ¿un guiño a “Casablanca”? Esta última escena me hace deciros, amigos del 59 y más años, quesiempre nos quedará… Telemarañas, con los recuerdos de nuestros mejores momentos y compañeros”. Si los adobamos con algunas risas, tal vez, nos lo podrán curar todo. ¿O no?


Sed felices, cuidad vuestra salud y cuidad de los vuestros, dadles frecuentemente la mano.

Telemarañas, 31 de enero de 2019