2.-  Visitación de María, madre de Jesús,  a su prima Isabel, madre de Juan El Bautista.


 

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judea, entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.


Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Feliz tú, por haber creído, porque se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".


 

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre

 

María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu salta de alegría en Dios, mi Salvador. Porque miró con bondad la pequeñez de su servidora, en adelante me llamarán dichosa todas las generaciones. Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas, ¡su nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo y dispersó a los soberbios. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre"

 

 

 

 

 

 

Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel

   

"Rosario Poético Popular" 

(La Bañeza 1988)

   

Gregorio Rodríguez Fernández

 

María, madre de fe,

- su seno ya florecido-

corrió aprisa a la montaña,

que el amor tiene este ritmo.


Tras el saludo, Isabel,

como surtidor divino,

llena de Espíritu Santo,

rompió en melodioso grito:








 

"¡Bendita entre las mujeres,

tu fruto también bendito!

¿Por qué, Madre del Señor,

a visitarme has venido?

Apenas que tu saludo

sonó, fresco, en mis oídos,

sentí despertar mi seno

y saltó de gozo el niño.

¡Dichosa, Madre de Dios,

dichosa tú que has creído,

porque en ti se cumplirá

todo lo que Dios te ha dicho!"




 

Y María a sus palabras

contestó con este himno;


"Alaba mi alma al Señor

y en Dios se alegra mi espíritu..."


De otra casa, la del Padre,

somos Iglesia en camino;

María, sea tu fe

guía de los peregrinos


LLevemos a los hermanos,

sean amigos o enemigos,

como lo hiciera María,

nuestro amor, hecho servicio.