La Repesca


 

 

 

 

Jamás imaginé que un día acabaría enredado como un vulgar mosquito en una telaraña.

 

Cuando ¡por fin! abandoné la sacra institución diocesana, lo hice con el convencimiento pleno de que aquello era una ruptura en toda regla.

Eso significaba que debía procurar por todos los medios borrar de mi mente y de mi ánimo cualquier vestigio del mundo que acababa de dejar atrás. Ese borrado se produjo afortunadamente, no de un día para otro ni mucho menos, sino de una manera paulatina, casi imperceptible, y por ello mucho más consistente y menos costoso de lo que yo esperaba.

Sin duda, el poner tierra por medio, unido al estimulante ambiente universitario madrileño de aquella terrorífica etapa tardofranquista que acabó con mis huesos en las mazmorras de la DGS con el consiguiente despojo físico y moral por parte de unos pobres esbirros, facilitaron enormemente en mí la consecución de esa ruptura que necesitaba.

 

 

Pasaron largos años de ausencias y de olvidos.

 

Pero, al igual que los salmones completan su ciclo vital con un gran viaje de retorno hasta alcanzar las cabeceras de los ríos que los vieron nacer, así también nosotros, ante la evidencia de que nos fallan las fuerzas para seguir surcando mares, emprendemos anímicamente el viaje de vuelta hasta la cuna diocesana que nos vio crecer física, moral e intelectualmente.

Momento muy oportunamente aprovechado por un puñado de pescadores intrépidos para echar las redes en el mismo mar donde, tiempo atrás, otros pescadores profesionales habían cosechado un estrepitoso fracaso.

 

 

Ya sea por la textura de la red, o por la pericia de los de Minito, el caso es que la repesca ha sido milagrosa, hasta el punto de que casi casi han esquilmado las aguas.

Sin duda, quien mejor conoce el éxito de la faena es nuestro querido Cascarrabias, por ser el encargado del recuento de las capturas. A media distancia, se les puede ver a todos satisfechos en la orilla, soltando las piezas de las mallas y colocándolas delicadamente sobre las esteras. La variedad es impresionante.

Entre los últimos en ser liberados -los últimos en enmallar, por el modo como "rabejan"- se encuentra un pez multicolor y saltarín, el "pefbarrio", un ejemplar que en sí mismo es pura poesía. ¡Cómo se nota que se ha criado en las mismas aguas costeras de nuestro inmortal cervantino, cuyo aniversario conmemoramos precisamente hoy!

El último es un pez abisal, de largos bigotes como antenas, el "pezagustín", con quien tuve el gusto y la fortuna de compartir andanzas y correrías en un tiempo ya bastante remoto.

 

Bienvenidos todos (¡a la sartén!).

 

Siero, 23 de abril de 2015 - Día del Libro

IAlmanzaR

 

 

P.D. No es de extrañar que, ante una actualidad tan tenebrosa y desquiciante, busquemos acomodo (que es tanto como buscar valores) en nuestro refugio del pasado.

Pero en esto, como en todo, se necesita un cierto comedimiento.

Como dicen los astures, "tampoco hay que se pasar".