ESTAMPAS DE OTOÑO



                I

 

Esta mañana temprano

me fui al monte a buscar setas.

El alba va pincelando

la loma de las mesetas.

La tierra estaba mojada

y a mi pisar respondía

con una alegre alborada

de olores y lozanía.

Olores recios a otoños,

a frutas ya maceradas

por las hojas sepultadas:

membrillos, hongos, madroños...


 

              II

 

El ciervo entre los pinares,

escondido en la maleza,

sigue la naturaleza

entonando sus cantares,

concierto que rivaliza

estas noches otoñales

en conseguir el favor

de la cierva escurridiza

frente a otros sementales.


 

 

               III

 

El sol ya abandonaba

el lecho del horizonte;

los cerros iluminaba

con sus cabellos de bronce.

El día abre sus puertas

y el campo entero lucía

la espléndida algarabía

de color, frutos y setas.

Una mañana brillante

(nada de melancolía)

y cada árbol vestía

su traje mas elegante:

la encina majestuosa

que con su manto real

de hojas verdes y espinosas

está mostrando orgullosa

el fruto de sus bellotas

enterrado en su dedal;

los poderosos castaños,

de verde y ocre vestidos,

dejan volar sus castañas

de los erizados nidos

que pueblan todas sus ramas.

La castaña, del otoño

el fruto más popular,

servida en alta cocina

o asada en cualquier esquina,

es exquisito manjar.

          

 

 

                 IV


La suave brisa platea

las hojas de los olivos.

Rasgando el azul del cielo

pasan veloces dos mirlos

buscando lugar más fresco.

El sol va ganando altura

e inunda toda la vega

con una temperatura

de mañana veraniega.


 

                V

 

Yo voy pateando el campo

-aunque he perdido destreza-

y me tomo algún descanso

(la edad así lo aconseja).

Y, gracias a la abundancia

que da la naturaleza,

de rubias y hermosas setas

con su profunda fragancia

yo voy llenando mi cesta.

 

Como no soy entendido

y hay que andarse con respeto,

de las muchas variedades

que se dan en esta sierra

sólo cuatro recolecto:

la tana o yema de huevo

(la preferida del César),

el boletus o tentullo,

níscalos o pinateles

y la elegante lepiota,

llamada aquí gallipierno

y cucurril en mi tierra.

 

 

              VI

 

El calor está apretando

y la cesta ya esta llena.

Ya para casa me vuelvo.

La amarilla hoja del chopo

cubre de oro la ribera.

 

 

 

 

Galaroza, 22 de octubre 2014.

 

FBARRIO