Encuentros sin cita (Nochevieja 2013)


 

      En estas fechas, a punto de despedir el año 2013, se me ha ocurrido que no estaría mal recordar, rememorar algunos encuentros fortuitos que, desde el año 1965, año en que cambió el rumbo de mi vida, por sorprendentes y casuales, no olvido.

 

      Con ello, espero no molestar a ninguno de los citados, pues no pretendo sino dejar constancia de tales coincidencias agradables.

 

 

 

A saber:

 

►   En 1972, en la Puerta del Sol de Madrid, me encontré con D. Nicasio, con el que intercambié saludos y abrazos.

 

►   En 1972, me encontré con nuestros colegas José Antonio y Natal, frente a la Facultad de Derecho, en la Complutense.

 

►   En 1978, descubrí en una piscina de una urbanización en Guadalajara a Victorino, a quien no podía imaginar encontrarle allí, pero, al oír su voz, no me confundí. Este encuentro fue tan sorprendente que nos unió por más de veinte años, compartiendo amistad y vivencias diversas con nuestras respectivas familias.

 

►   En 1980 tuve que asistir a la procesión del Corpus en Toledo y caminé al lado de D. Marcelo como en 1965 en Astorga. Me planteé saludarle y contarle mi paso por Astorga, pero no me decidí.

 

►   En 1985, unos amigos psicólogos me invitaron a una mariscada en un restaurante gallego en la calle Fuencarral de Madrid en la que estaría un candidato a Director de una entidad bancaria en Salamanca. Nos presentaron por el nombre, sin más explicaciones, y uno de mis amigos comentó: “Este es capaz de conocerte”. Esta broma me dio que pensar y estudié sus rasgos y gestos. Como por inspiración pensé en Las Ermitas y le pregunté: ¿Tú estudiaste en las Ermitas? A lo que él, sorprendido, me repreguntó: ¿Quién eres tú? Claro, tenía que ser gallego. Yo comprendí que se trataba de González Atanes, con quien compartí banco en el salón el primer curso y que me prestó el diccionario de latín el primer día del curso. Ese día conocí a Victorino.

 

►   En 1966 ó 67, me encontré con Prada en la calle Martínez Campos, cuando iba de paso hacia Barcelona a no sé qué de Aduanas.

 

►   En 1974 fue el encuentro con Combarros en Alcalá de Henares. Me sorprendió agradablemente y desde entonces hemos compartido vivencias y amistad.

 

►   Como broche de oro, no puedo olvidar el día en que me encontré en Noceda a P.Mayo, en una encrucijada, buscando el camino que le llevaría a Alemania.

 

 

      Estas son casualidades de la vida, que van marcando hitos y sembrando recuerdos inolvidables.

 

      No sé si será de interés para alguno, pues no es la Odisea ni la Eneida, pero son mis vivencias.

 

      Saludos y recuerdos para todos.

 

VíctorR.