El arroyo y yo.




Refresca el bochorno del poniente
el rumor de tu agua cristalina,
regalo que, abundante, la colina
hace brotar en generosa fuente.

Te dan sombra tupidos avellanos,
el grácil abedul bebe en tu cauce,
se baña en tu caudal, lánguido, el sauce
y riegas los fértiles manzanos.

A tu ribera llego yo sediento,
cansado del camino de la vida.
Tu fresca sombra a reposar convida
y a serenar el fatigado aliento.

Allí me quedo yo un momento
contemplando el remolino al que ilumina
un rayo del sol que sobre ti camina,
incendiando de luz el firmamento.

Mas hemos de seguir nuestro destino:
a la mar te llevará tu hermano, el río,
-ya sea invierno fugaz
ya largo estío-.
Tú allí encontrarás la libertad

y las olas te abrirán nuevo camino
o a doradas playas a encontrar la paz
o a la brava corriente que, tenaz,
desgasta las rocas con blanco torbellino.

O, tal vez, una nube de tormenta
te transporte hacia tierra nuevamente
y tu fluir perdure eternamente
-nube, lluvia, fuente, arroyo y río-
y otra vez el mar, que te alimenta.

Y, cuando mi vida termine su camino...?
Nada queda detrás. Nada hay enfrente.
Dejaré este mundo silenciosamente
y la fría tierra cubrirá mi sino.

 


FBarrio.

Agosto 2016