Sintonía: Recuerdos de La Alhambra (F. Tárrega - J. Edwards)

 

 


 DON  GREGORIO


 

"Se le ha ocurrido hoy a don Gregorio 

la idea de que yo hiciera un soneto.

Tendré que hacer primero un cuarteto,

trabajando un poco en mi escritorio".

 

Corría el año 63, si mal no recuerdo, cuando D. Gregorio, nuestro profesor de literatura en La Bañeza, un día nos puso como deberes hacer un soneto.

 

Yo quise hacer mi soneto, explicando paso a paso, cómo lo iba a componer, emulando a Lope de Vega en aquel famoso "Un soneto me manda hacer Violante". 

 

El primer cuarteto era el que aparece en el primer punto de este relato. Del resto recuerdo sólo el último verso, que decía: "aunque yo quede medio deshecho".

 

Recuerdo que las rimas estaban "muy logradas" y eran "sumamente difíciles". Como ejemplo, estaban: "escritorio", " refectorio", " dormitorio" y otras similares, que indicaban que yo iba haciendo mi soneto por todas las estancias de la casa.

 

Don Gregorio leyó mi soneto en clase como algo original o, al menos, distinto, lo que para mí, obviamente, supuso un  gran honor. El último verso dijo que él lo cambiaría por: "aunque me haya costado el do de pecho". Acepté gustoso el cambio, porque a mí dar el do, aunque fuera de pecho, no me parecía demasiado difícil.

 

Así alcancé aquel día cierto protagonismo en la clase. Yo creo que fue aquel el día en que empezó mi trayectoria poética, lírica; si bien aquel día creo que fue también cuando acabó. Es verdad que me aficioné a otros géneros literarios y quizá entonces empezó mi gusto por la escritura, cuando empecé a juntar letras. Si así fue, mi afición a la escritura se la debo a don Gregorio. En cualquier otro caso, seguro que algo tuvo que ver, ya que, entre otras cosas, ese recuerdo de don Gregorio y de mi soneto me ha acompañado siempre como algo positivo y gratificante.

 

De él no recuerdo nada que pudiera catalogar como negativo. Yo lo definiría, al menos en función de lo que recuerdo, como un profesor que permitía que dejáramos volar nuestra imaginación y le diéramos rienda suelta. Y esto creo que se debe valorar como algo digno de agradecer para aquellos tiempos de métodos pedagógicos a veces tan estrictos y habitualmente tan diferentes.

 

Yo no asistí a ningún encuentro en el que pudiera haber coincidido con él y desde aquellos años creo que no lo volví a ver. No obstante, su participación en Telemarañas me hizo verlo como una persona cercana y como uno más de nosotros que recordaba con cariño aquellos años de nuestra convivencia.

 

Por qué será que nos cuesta menos sacar a la luz lo positivo de la gente cundo ya nos ha dejado para siempre?

 

Hasta siempre, Don Gregorio!

 

Me uno en el dolor a sus familiares y a los más próximos a él.

 

JJ Feliz