Diario de los cursillos de 1964 en Villafranca del Bierzo.


 

 

Amigos todos, los del 59,

Hace unos meses nuestro estimado editor, y también amigo, plasmaba en un artículo un estudio de la evolución de esta nuestra revista, Telemarañas.

Fue muy minucioso y aclaraba que era visitada por muy pocos de nosotros. A los visitantes los clasificaba en diferentes categorías, según cómo opinaban de los contenidos de la revista:

  • Unos opinaban que “no aportaba nada nuevo”.
  • Otros que “ya estaba todo dicho”.
  • Y algunos aseguraban que “el tema olía a incienso”, apartado en el que no me encuentro, a pesar de tener las células pituitarias en perfecto estado de funcionamiento.

Su diagnóstico me desanimó un poco.

Yo soy un ente, un ser que reside en una torre diseñada con ventanas varias. Unas dan al norte, otras al sur, otras tal vez al este o al oeste. Pero también está decorada con ventanales que dan al presente, al pasado o al futuro. Según las preferencias del momento, me asomo a la que me apetece, sin renunciar a ninguna de ellas, pues cada cual ofrece una perspectiva diferente.

Hoy decido abrir la ventana del pasado, pues no quiero que se difumine definitivamente o que se desvanezca. Al hacerlo, me huele a campo, a puestas de sol; me huele a brisa, me huele a azul. Y el sonido que llega es como un pausado eco, casi inaudible, que suavemente flota mezclado con la niebla y cuya audición te resulta difícil. Pero yo lo intento.

 


CURSILLOS EN VILLAFRANCA DEL BIERZO


 

Villafranca del Bierzo

 

Pues sí, estoy de acuerdo en que ha pasado mucho tiempo y que ha llovido mucho desde entonces. Pero la lluvia no ha erosionado totalmente los recuerdos, especialmente si permanecen escritos. 

Si os digo que era el viernes, 17 de julio, lo veréis normal; pero, si menciono que era de 1964, las cosas se complican y hay que poner a trabajar la mente.

Era un día importante, pues dos días después me trasladaría a Villafranca del Bierzo, donde me reuniría con todos mis compañeros de curso y juntos pasaríamos dos semanas de cursillos o como se les quiera llamar. Yo diría dos semanas divertidas, unas mini vacaciones dentro de las vacaciones veraniegas.

 

“Fui a La Bañeza y compré una camisa de verano, unas zapatillas de lona y un jabón”.

Los dos días siguientes, sábado 18 y domingo 19, preparo la maleta, me corto el pelo y me baño, pues hay que acudir en buen estado a la cita.

“Me he bañado y he preparado la maleta para mañana”

Al día siguiente cantó pronto el gallo. Hay que madrugar para el autobús de las ocho.

“Cogí el coche a las 8 para ir a cursillos a Villafranca del Bierzo. El viaje me costó: 7 + 53 + 15 = 75 pts.”

Utilicé tres medios de transporte por 7 + 53 + 15 = 75 pesetas. No sabría decir si es mucho o poco, pues con el tiempo ya no sé fijarle valor a las cosas de entonces.

El viaje fue agradable y durante el trayecto me sorprendían los diferentes paisajes que, por ser de León, ofrecen garantías de ser interesantes.

Era un día muy luminoso y el mediodía prometía estar rebosante de calor.

 

Puente medieval de Villafranca


Llegada a Villafranca, mediano pueblo, también conocido como “La Pequeña Compostela” debido a la monumentalidad que emana y a que por él pasa el Camino de Santiago.

Se entra por el puente medieval de tres arcos sobre el río Burbia, el cual divide al pueblo en dos.

Abundan las iglesias, conventos y edificios nobles. Muy visible se encuentra el castillo palacio de los Marqueses de Villafranca con cuatro torreones circulares en sus esquinas. 

Castillo de Villafranca

Destacable la colegiata de Santa María, imponente y con aspecto catedralicio y la iglesia de San Francisco y San Nicolás y conventos varios.

En todos ellos se apreciaba el paso del tiempo y son símbolos de que la historia estuvo y se detuvo en este lugar.

No podemos olvidarnos de la calle del Agua, rebosante de historia y repleta de palacetes y casonas nobles con sus escudos y blasones, entre ellas el palacio de Torquemada.

 

   

Calle del Agua

 

En las laderas que rodean el pueblo abundan los cerezos, las  higueras, los álamos, castaños y multitud de huertos.

Junto al pueblo, el río Valcarce se hermana con el Burbia y fluye el agua saltarina.

Así es Villafranca. Así es el lugar donde todos nos encontramos de nuevo.

El alojamiento fue en el colegio de Los Paules, que inicialmente fue de los jesuitas hasta que fueron desalojados. Actualmente es Museo de Ciencias Naturales. Adosada al colegio, formando parte de él, se eleva la Iglesia de San Nicolás, de altivo porte y desafiante esqueleto pétreo. Su interior es altamente destacable.

 

Colegio de Los Paules

“Luego que llegamos a Villafranca, al colegio de Los Paules, nos fuimos a bañar”.

Una vez instalados, lo primero que hicimos fue ir al río a bañarnos. Esto era una de las principales diversiones, cita diaria una o dos veces.

Todo lo que yo narro es porque lo tengo escrito, no porque mi memoria lo recuerde.

El día siguiente fue de conferencias impartidas por D. Barreiros y dedicamos mucho tiempo a ensayar todos juntos cantares varios, porque íbamos a necesitarlo.

“Hoy nos dio las conferencias D. Barreiros. También tuvimos ensayo de cantares.”


“Idem de ayer. El día que no me baño una vez me baño dos veces”.
“Un día de estos jugamos al balón con los de Villafranca y nos ganaron por 4-2”.

También practicábamos deportes, principalmente fútbol. En la primera confrontación contra los de Villafranca nos dejamos ganar por 4-2. Bueno... perdimos por 4-2. Posteriormente, contra los juveniles del lugar, nos resarcimos de la derrota y pusimos las cosas en su sitio, ganando por 3-1.

El día 23 es jueves y ya habíamos hecho diferentes grupos p
ara los fuegos de campamento.


“El fuego de campamento lo hizo el grupo mío; salió muy bien y yo canté con Villalibre “Te canto con mis guitarras”. También servimos en el comedor.”

Ese día le tocó a mi grupo la responsabilidad de las actuaciones. En esencia, se trataba de hacer unas monerías para entretener al personal. Villalibre y yo nos encargamos del espectáculo musical, cantando, entre otras obras líricas, "Te canto con mis guitarras". He de reconocer que Villalibre dominaba el bel canto y, gracias a sus cualidades, obtuvimos un destacado éxito. De haber terminado la velada con fuegos artificiales, hubiera sido un hecho altamente noticiable.

Servimos igualmente en el comedor y todo salió muy bien.

“No hubo ninguna charla. Me bañé por la mañana y la tarde. Después de la siesta fuimos en una caminata a Carracedo, pueblo desde donde se veía Ponferrada, que tenía un monasterio y donde nos bañamos, perdiendo yo el pantalón de baño.”

 

Monasterio de Santa María, en Carracedo

En Carracedo está el monasterio de Santa María, que fué fundado en el siglo X, perteneciendo inicialmente a la orden benedictina y posteriormente a la cisterciense. Hoy creo que es un museo.

Nos bañamos en el río del pueblo y extrañamente perdí el pantalón de baño.

Fuerte tormenta por la noche.

 

Al día siguiente nuestro amigo Omaña me informa que había encontrado el pantalón y me hace entrega oficial del mismo. Creo que hacía de mi ángel de la guarda, por lo que decidí adoptarlo y aceptarlo como compañero de habitación para el curso entrante.

“Fuerte tormenta por la noche.

El pantalón de baño que perdí ayer me lo encontró Omaña.

Procesión con Santiago Apóstol y La Virgen del Carmen. Yo pujé un cacho a Santiago Apóstol. A todos los que pujamos nos dieron un pastel.

Tormenta. Me bañé por la mañana.”

Por la tarde hubo procesión con Santiago Apóstol y la Virgen del Carmen. Posiblemente fuera una fiesta del pueblo. A los que pujamos los santos nos obsequiaron con un pastel, seguramente para reponer fuerzas.

Baño matutino en el río y tormenta veraniega por la tarde.

El lunes 27 fue un poco movido, pues realizamos una excursión a Corullón, pequeño pueblo con huertos, cerezos e higueras.

 

 

Castillo de Corullón

 

“Excursión a Corullón. Comí todas las brevas que quise y me bañé.
A San Martín del Pozo y a mí nos echaba D. Lauro la culpa de haber roto una higuera. Le dijimos que no habíamos sido nosotros y se disculpó".

Cerca del río donde nos bañábamos descubrimos una frondosa higuera. Sus abundantes brevas llamaban fuertemente nuestra atención. Eran gordas y reventonas y su piel ya rezumaba una dulce escarcha. ¡Mal asunto… para la higuera! No tenía escapatoria. ¡Allea jacta est! 

Todos pecamos, todos cominos del fruto prohibido hasta hartarnos. Y las más gordas estaban en lo alto, por lo que el árbol habría de pagar las consecuencias. Resultó herida la higuera y su sangre llegó silenciosa al río. Lloró la higuera y sus lágrimas se deslizaron hasta el poblado.

La hazaña llegó a oídos de D. Lauro, quien, sin pruebas, decidió señalar culpables de haber roto la higuera. San Martín y yo fuimos los elegidos. Por no ajustarse formalmente a la realidad, protestamos enérgicamente y D. Lauro se disculpó. ¡Todo un caballero!

“He estado charlando con D. Amable un rato”.


El 29 fue un día de cine. Por la mañana un padre blanco nos proyectó la película "Los mártires de Uganda". Para limpiarnos de tanta sangre, nos bañamos en el río y por la noche acudimos en busca de más sangre y por más tiempo. Desde las 10,30 hasta la una de la mañana estuvimos visionando la película "Los cañones de Navarone".

 

“Por la mañana un padre blanco nos proyectó "Los mártires de Uganga”. Nos hemos bañado.

Desde las 10,30 de la noche hasta la 1 de la mañana estuvimos en el cine viendo la hermosa película “Los cañoñes de Navarone”.


 

El día siguiente nos dedicamos a visitar dos conventos de clausura para confraternizar con las monjitas y obsequiarles con unos cantares. Agradecidas ellas, unas nos regalaron una medalla y las otras nos endulzaron con caramelos.

En partido de fútbol contra los juveniles del lugar nos resarcimos de la derrota frente al equipo titular y pusimos las cosas en su sitio, ganando por 3-1.

 

“Hemos visitado dos conventos de monjas de clausura. En uno, el de S. ______, oímos misa y nos dieron una medalla; en el otro tuvimos exposición y nos dieron caramelos; en los dos conventos les cantamos unos cantares.
Jugamos contra los juveniles y les metimos 3-1”.


El último día tuvimos una especie de retiro o similar.

En la comida nos sirvieron un helado, vino de misa y un café, pagado por D. Lauro, que le había cogido el gusto a eso de ser un caballero.

Ya por la noche nos despedimos todos, pues había que madrugar para dirigirse cada cual a su destino.

 

“Retiro.
En la comida tuvimos un helado, vino de misa y un café, pagado por D. Lauro”.

 

   

Colegiata de Santa María

 

Iglesia de San Francisco


“Se terminaron los cursillos: a las 7 salí de Villafranca en coche hasta Astorga. Aquí estuve en el Seminario y después fui en tren a comer a La Bañeza.
En Astorga compré un libro: “Los sacrificados del Danubio”.

 

... Y a esperar el comienzo del nuevo curso, el sexto.

 

Eso es todo lo que consta sobre los cursillos en Villafranca.

Me imagino que sucederían muchas cosas más y más interesantes.

Doy por supuesto que tuvieron que ser dos semanas bastante divertidas, incluso ajetreadas.

Esa es la historia, ese es el sueño que he querido contar, un sueño de sucesos antiguos, pero que no había sido contado; un sueño que no me huele a incienso; un sueño que huele a vivencias cómplices y a risas blancas; un sueño que huele a recuerdos dulces y a abrazos tiernos.

¡Un abrazo para todos!


5 de diciembre 2017

JB

Nota del editor.

Podéis ampliar detalles y contrastar otras versiones: