CIERRA LOS OJOS


 


Pues sí, hermanos,

Cuando en el 59 ingresamos en el Seminario los aborígenes del Bierzo, de La Cepeda, de La Valduerna…, todos hablábamos y escribíamos de una forma muy peculiar, debido a circunstancias varias.

Por ello pegaron a tu sombra un profesor de lengua y literatura, el cual intentaba infatigablemente ordenar tu mente y modelar tu forma de ser y de sentir.

Comprendimos que había otra forma de describir la realidad.

Te diste cuenta de que, dependiendo de los ojos con que las miras, las cosas pueden ser diferentes y la vida se narra de forma distinta. Te cambiaron los ojos y tu imaginación hizo el resto.

Aprendiste a cerrar los ojos, a inmaterializar el cuerpo, a volar por un espacio nuevo. Mezclabas sensaciones, imaginación y emociones. Añadías la luz, el color, los olores. Ponías mucha fantasía y llegaste a saber que las mariposas no sólo vuelan, sino que, armoniosamente, azotan la cadenciosa brisa de la mortecina tarde. Y tú podías volar con ellas, descubriendo una nueva forma de ser, una nueva manera de estar. Y flotabas, dejando que tu espíritu se mezclara con un mundo nuevo, que tu alma se fundiera con la misma realidad, pero vista con ojos diferentes. Luego abrías los ojos y, aturdido, te planteabas si lo vivido había sido realidad o solamente un sueño. Las sensaciones habían sido tan agradables y acariciadoras que ya comenzabas a contar el tiempo que faltaba para una nueva experiencia.

¿Te había dicho, hermano, que, por un rato, podías cerrar los ojos? 

 

Os dedico unos escritos de aquellos momentos, cuarto curso, y siento cierto pudor por ello. Tengo la sensación de que me desnudo un poco y que lo hago con poca soltura, con indicios de vergüenza leve. No obstante, lo supero porque vosotros hacíais escritos similares, aunque no los conservéis; unos algo mejor, pero otros algo peor, que tampoco es cuestión de colocarme, sin más, el último de la fila.

 

José Benito,
junio 2015

 




 

 

 

 

 


ME GUSTARÍA SER POETA



 

 

 

 

 




 

 

 

 

 


NOCHE CON FANTASMA



 


 

 

 

 

 


MELODÍA DE HIEDRA


 

 

 




 


LÁGRIMAS DE ROCÍO AGRIDULCE


 

 

 

 



 

 

 


COMENTARIO DE TEXTOS


 

 

 

 


 

 

 

 

 

 




 


TIERNO MISERERE


 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 


PAISAJE DESDE EL TREN



 

 

 



 


 


LA NOCHE VAGA PERDIDA


 

 

 

 


 


 

 


UN PURITO CHIQUITITO


 

 

 



 

 


MISTERIOSA NOCHE DE LLUVIA

A LA LUZ DE UN FAROL



 

 

 








 

 

 


BASTANTES ACIERTOS.

ENORMES,

IMPERDONABLES

FALTAS.


 

 

 

 

 

 

 



 

 

 


COLASA Y JUAN ZANCUDA

SE QUEDARON EN SUSPENSO



 

 

 



 

MI  DESTINO



Gracias, hermanos!!!!

Habéis sido unos valientes. No sé si por interés o por curiosidad, habéis llegado al final, y seguro que se os han despertado algunos recuerdos.

He reservado para la despedida dos esplendorosas narraciones, con las que aspiraba a conseguir un reconfortante premio. Pretendía detener el tiempo, e, ingenuo de mí, aluciné conversando con una catedral.

Prometía ser una narración florida y viva. Pero mi profesor, mi corrector de estilo, me puso los pies en el suelo:

  1. "Adjetivación antecedente arcaizante. Bastantes aciertos. Enormes, imperdonables faltas de ortografía".
  2. "Ibas bien, pero lo estropeaste con las faltas de ortografía".

Generoso él, me puso un cinco de nota, si bien podía haber sido menos. No creáis que me desanimé demasiado.

 

Pasado un tiempo, y, ya sin corrector de estilo, me propongo mejorar la aventura:

Encaro la catedral y la escalo por la cara buena, con seguridad. Sus piedras calientan mi pecho, mientras el sol enrojece mi desnuda espalda. Piedra a piedra, paso a paso. Creo que me acompañan los mismos y ya conocidos grajos negros. El eco de sus metálicos graznidos rebota desde mil altas torres. Los ignoro.

Piedra a piedra, mirada a lo alto. No olvido las campanas, y con mis dedos acaricio el borde de su templado bronce. Agradecidas, me devuelven un imperceptible y susurrante eco. El reloj me recibe impasible y quieto, pero en su interior se adivina la vida, se oyen sus acompasados latidos. Ni me mira, ni le hablo.

Y sigo mi fatigoso y decidido ascenso. Cuando llego a las alturas, ya descanso y respiro... Respiro tranquilo.

Sólo al llegar a lo más alto, puedes descubrir que el horizonte es rotundamente curvo. Y ves..., y ves los senderos. Y ves..., y ves los caminos.

Respiro, respiro hondo y desde el suelo ya no me llega el sonido. Vives la paz, sientes el silencio. Tu cuerpo ya no te pesa, y sientes cómo flota tu espíritu. Ya no me quiero bajar, prefiero vivir con alas, y, pausadamente, medito sobre mi destino.

Desde lo alto observo muchos y definidos caminos. Elijo el mío propio, y, volando..., volando..., me pierdo en el azul horizonte curvo.

Desde estas alturas, curvas y azules, os envío un atento y cariñoso saludo.

José Benito
junio 2.015