Crónica de nuestra fiesta-reunión del 7-8-2015


 

 

 

"Una vez que la aurora de rosáceos dedos" abrió los cendales de un día glorioso en lo meteorológico, como un buen presagio de fiesta alegre, todos los antiguos alumnos inscritos para el evento levantaron el vuelo desde sus posaderos de la noche anterior, con buen ánimo para el encuentro, con la voz entonada para el canto y con los brazos ejercitados para estrujar a los amigos.

Ya desde las 10,00 impacientes horas comenzaron a aparecer todos los citados a las puertas del seminario: hermanos Anta, Herminio, Belarmino, Arias, Jesús F., Alfayate, Etelvino, José Benito, Combarros, P. Mayo, San Martín, P. del Río, Almanza, Avelino, F. Barrio, P. Martínez, Prada, Diéguez, Feliz, Víctor R., Natal, Pablo, Vicente, Víctor V., L. González, Laureano, Villalibre, Victorino, Celedonio, Ángel P., J. Antonio M. V. y don Urbano. 

Los primeros saludos y abrazos fueron tan atropellados y cariñosos como siempre, pero más confiados, sonrientes y efusivos por la familiaridad con nuestros actuales cuerpos y caras. ¡Hay que ver cuán venerables nos estamos haciendo! 

 

A las 12 comenzamos a repasar los itinerarios de nuestros antiguos pasos por el interior del seminario, reavivando cada uno sus propios recuerdos: Claustro y patios interiores, donde parecía latir todavía, aunque nadie la tocara,  la campana que nos convocaba a clases y recreos; Aula Magna, donde alguno sintió de nuevo los nervios del examen de ingreso (1959) ante un tribunal impresionante, mientras otro pretendió televisualizar todavía "Escala en HI-FI" o las cabalgadas de Bonanza; 

 

las aulas de primero, segundo, sexto, 1º de filosofía…, con el rumor de las clases; 

 

 

los patios con la algarabía de los primeros años, los balonazos de balón-tiro y pelotazos de frontón; 

 

el comedor – sin el torno ni el púlpito -, pero con ecos de la “Imitación de Cristo por Tomás de Kempis” o de “Ben Hur, novela histórica de los tiempos de Cristo, por Lewis Wallace”; la cocina, antes recóndita, transformada ahora en otro comedor y exhibiendo su especial techo abovedado… 

 

Algunos osados artríticos no dudaron escalar plantas superiores para tratar de reencontrar antiguos dormitorios y habitaciones, pero solamente pudieron identificar los sitios donde estuvieron, porque todas las estancias están muy cambiadas, mejoradas en su aspecto y habitabilidad. ¡Lástima de un silencio tan generalizado y de espacios tan vacíos en toda nuestra alma mater! 

A las 13, con meritoria puntualidad, comenzó la ceremonia de la Eucaristía, presidida por don José Anta y concelebrada por don Urbano, Mayo, Etelvino, Arias y Laureano. Todos cantamos con gran ánimo y brillante entonación los motetes programados, al compás de los acordes armoniosos interpretados por Agustín y de la voz directora de Belarmino, que se crecía por momentos. Don Urbano se ofreció a impartirnos otra lección suya, ésta de doctrina brillante, profunda y comprometida, que todos atendimos con gran aprecio. Rezamos por nuestros fallecidos y por los ausentes. Recitamos al unísono, siguiendo la pauta de Elio, las décimas “A María Inmaculada” compuestas ex profeso para estas celebraciones por don Gregorio, y nos hicimos la foto de rigor para dejar constancia de nuestra alegre presencia. 

 

Una vez en el local del ágape, se expusieron los recuerdos traídos por José Benito ¡toda una muestra la suya, que esperamos siga conservando!; F. Barrio, Agustín, Almanza, Víctor R. y Herminio. También se presentó en TV el vídeo promocional creado por José Benito y material fotográfico aportado principalmente por J. Antonio M. V., Aguirre y otros varios, así como el mensaje de Fidel. 

 

El almuerzo fue muy compartido en intercambio de recuerdos y, durante la sobremesa, los cuatro compañeros que estrenaban comparecencia nos dedicaron sendas alocuciones de muy diverso tenor: Belarmino nos peroró una encendida arenga; F. Barrio, una contagiosa declaración de afecto universal; Jesús F., un breve relato de su permanencia de tres años a nuestro lado y sus posteriores andanzas; y Agustín, un breve relato de su alegre reencuentro con nosotros y su oferta de futura disponibilidad. También fueron transmitidos los recados de encargo de algunos ausentes, a los que añoramos hoy y confiamos reencontrar en la próxima.

Otra vez nos olvidamos de brindar ritualmente y de recitar el brindis compuesto por don Gregorio para el caso.

Cerró la sobremesa el redivivo y sempiterno humor de Alfayate y, a partir de las 18,30 horas, esfumadas momentáneamente las sonrisas, nos vimos obligados a despedirnos para poner en práctica otra nueva diáspora de dos años, aunque algunos quedaron comprometidos para esporádicas corribandas.

¡Menos mal que sí acordamos citarnos para la próxima reunión el viernes 4 de Agosto de 2017, así que… queridos amigos, no nos faltéis ninguno a la próxima!

 

 Astorga, 7 de agosto de 2015

Vuestro particular reportero Tribulete os quiere cada vez más.