Abundante, pero con clase.



COSECHA DEL 59



Quiero que esto sea un homenaje a todos los que en aquellos años sesenta convivimos en Astorga, Las Ermitas o La Bañeza. Se hace extensivo tanto a superiores o profesores como a los alumnos. Entiendo que ese es también el espíritu de la revista.

Cuando nos encontramos por primera vez en el Seminario, a muchos se nos cayó el mundo encima, por el cambio tan profundo de vida que ello supuso y ante lo incierto de nuestro futuro. Cuántas veces pensamos aquello de: ¿Por qué me mandarían a estudiar y, sobre todo, por qué a aquí?

Nos encontramos, de repente, con quienes imaginábamos gigantes de las letras, de las ciencias, de la filosofía, de los idiomas (aunque algunas fueran lenguas muertas), de la meditación, de la santidad… Nos iban a enseñar a nosotros. ¿Seríamos capaces de asimilar algo de sus enseñanzas?

 

En aquel momento no podíamos captar que esos gigantes también eran frágiles. Incluso tenían los mismos temores que nosotros, pero a la inversa. Temían no poder transmitir los conocimientos y sobre todo los valores adecuados a aquellos adolescentes que éramos como esponjas. Las cosas empezaban a cambiar y esos gigantes ni siquiera estaban seguros de que lo estuvieran haciendo bien. Muchos pensarían incluso “en qué se estarían equivocando para que poco a poco la mayoría fuéramos saliendo del Seminario”.

Además, como parece que está pasando ahora, muchas decisiones probablemente eran tomadas por Merkel o por la troika.

Pero descubrimos, aunque quizá alguien al cabo de algún tiempo, que nuestros profesores y superiores actuaban con su mejor intención y total dedicación y entrega a nosotros.

Poco a poco fuimos conectando. Ellos se entregaron a nosotros y nosotros nos dejamos llevar, aunque… siempre con algunas reservas.

 

 Además de la formación religiosa recibida, creo que nuestra formación general no tuvo nada que envidiar a ningún instituto o cualquier otro centro educativo.

Aprendimos ética, solidaridad y a vivir en comunidad. Y esos conocimientos ya no se olvidan nunca.

Aprendimos a pensar, a discernir, a criticar, a leer, a elegir… También aprendimos algo de la filosofía de Santo Tomás o de Aristóteles. Con el tiempo llegamos, no obstante, a entender mejor la teoría filosófica de la “relatividad” o la del “pragmatismo”.

Aprendimos letras, geografía e historia, aunque algunas historias ahora sean distintas e incluso algunos accidentes geográficos hayan cambiado.

Aprendimos ciencias y matemáticas. Y tuvimos la gran suerte de que al menos las matemáticas no han cambiado durante este tiempo. Nos han sido siempre fieles y no nos han fallado nunca.

Aprendimos a interesarnos por la educación física y los deportes. Ello gracias, entre otras cosas, a aquellos partidos de futbol en los que, jugando veinte contra veinte, al menos 35 sólo corríamos detrás del balón pero nunca lo alcanzábamos. Los únicos que lo podían tener a su alcance eran los Alfayate, Aparicio, Villalibre… Pero aquellos partidos eran “semioficiales” y a veces formaban parte incluso de nuestras liguillas. El tema iba en serio, tanto que no recuerdo haber jugado nunca un partido de solteros contra casados.

 

Aprendimos solfeo y a cantar, desde el gregoriano, pasando por todo lo demás, hasta “Ya se murió el burro…” que hemos podido oír en la revista. Cambiando el tono de la canción anterior y cogiendo por mi parte el tono correcto, hay que decir que algunos incluso “aprendieron a cantar misa”. La música parecía algo cotidiano y prueba de ello fue que casi todos acabamos tocando algún instrumento, al menos de percusión. Otros incluso tuvimos que aprender a bailar no sólo el twist, la yenca o el fox-trot, sino también a bailar de un sitio para otro, yendo por consiguiente, cada poco tiempo, con la música a otra parte.

 

Aprendimos mucho de la cultura grecorromana e incluso el griego. Gracias a ello sabemos lo que quiere decir tele…visiónhiper…tensión o apendic…itis.

Pero lo que más aprendimos fue latín. Habíamos oído hablar de su importancia y nos dedicamos a ello con ahínco. Ya sabemos que, cuando se quiere hacer alusión a las cualidades o preparación de una persona, basta simplemente con decir: “ese sabe latín”.

Hemos creado un vínculo de empatía y, a veces, amistad que ha durado más de cincuenta años. Esperemos que dure al menos otros cincuenta.

Todo esto y mucho más gracias a nuestros superiores y profesores, así como a sus alumnos.

 

JJ Feliz