EL RAMO LEONÉS Y LA MISA DE GALLO

EN FERRERAS DE CEPEDA


  

 

Ramos leoneses. Los de Ferreras llevaban muchas más manzanas

      ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL RAMO LEONÉS

      El culto a los árboles y sus ramas o ramos se remonta al Neolítico, que es cuando tiene origen la agricultura y la ganadería. Los Celtas pusieron de moda a los árboles, al considerar que el poder fecundante de la Madre Tierra residía en los árboles de una manera especial. No obstante, para poder sembrar, necesitaban "rozar" o "roturar" y quemar bosque. Poco a poco los árboles y su poder protector, como morada de la deidad, se alejaron de los poblados y no llegaba con suficiente fuerza la protección divina. Por esta razón decidieron traer, en ocasiones especiales, algún árbol a los pueblos. Ese fue el origen de los "mayos".

 

      Posteriormente, la iglesia trató de cristianizar estos ritos paganos. Al principio, el árbol sagrado fue el roble, pero después también otros, e incluso los frutales, fueron copando el carácter sacro: el Domingo de Ramos, el Ramo que remata la casa finalizada, etc. 

 

      En la provincia de León el Ramo entró en el templo rodeado del canto del Ramo como "árbol del Niño Jesús". Por esta razón se entroniza justo el día del Nacimiento del Niño-Dios.


      El La Cepeda, el típico Ramo leonés de velas, cintas, dulces, frutos, etc., sufrió una variante interesante: el Ramo de manzanas. Consta de una base o peana, de un tronco que lo sustenta y de una especie de rectángulo hecho con varas y alambres para sujetar las manzanas. En ocasiones, en la parte alta se instalaban unos tirantes para dar más consistencia al Ramo.

 

      El Ramo leonés es una de las señas de identidad de la cultura leonesa. El Ramo era generalmente de manzanas o de cera (velas). En el Ramo se colocaba una gran cesta de manzanas perfectamente alineadas. Las más antiguas fueron rojas camuesas, un manjar casi perdido que aparece en el Catastro del Marqués de la Ensenada.

 

      El Ramo se cantaba en la Misa de Gallo, a celebrar el 24 de Diciembre a las doce de la noche. En Ferreras se celebraba y se celebra siempre la Misa de Gallo.

 

 

Iglesia vieja del pueblo

      El Ramo permanecía dentro de la iglesia hasta el día de Reyes, perfumando el recinto sagrado durante todos estos días. Las jóvenes aprovechaban para vender rifas, y el sorteo se celebraba el día de Reyes a la salida de misa. Las cantidades obtenidas se destinaban a misas o novenas por las obligaciones de los vecinos del pueblo. Ferreras es un pueblo muy religioso pero eso no impide que vote a la izquierda de manera contundente. 

 

      El ramo de cera se equipa con velas de cera verdadera, es decir, de la cera que se obtiene de las colmenas. Desde antiguo se documentan numerosas colmenas en La Cepeda. Antes se hacían de troncos de árbol vaciados (corchos); ahora se utilizan los contenedores más modernos.

 

      Las velas para poder arder, prenderse, tienen que tener un pabilo o cuerda que discurra por el centro del cilindro. Este pabilo era lógicamente de lino. Las mejores tierras, en La Cepeda, se dedicaban al cultivo del lino. La mayor parte de las camisas de lujo, de las ropas típicas (ruedos y blusas) e incluso las quilmas, se hacían de lino. Los cepedanos sabían perfectamente cómo se cultivaba el lino y cómo se elaboraba. Las velas del Ramo ardían durante las Navidades y calentaban con su aroma las frías iglesias en el invierno cepedano.

 

      CANTO DEL RAMO O PASTORADA

 

      Las pastoradas, cantos de los pastores, y el canto del ramo, coincidían en ocasiones, e incluso se identificaban. En un principio fueron los pastores los que cantaban al Niño-Dios, anunciando la buena nueva de su nacimiento y proclamando la “Gloria a Dios en las alturas, y la Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. 

Dibujo de un Ramo de manzanas, tradicional de Ferreras (Natal)

     La Cepeda fue y es eminentemente ganadera y agrícola, todo ello dentro de una economía rural de subsistencia. Los pastores o pastoras, que también las había, tenían a San Antonio ( "el Santo que más manda" ) como valedor y seguro protector. En consecuencia, las pastoradas se centraban principalmente en el día de su Santo, aunque la cuestión evolucionaría. San Antonio, el patero, cuidaba los rebaños, los perros de carea y los mastines. Si se le "echaba la oración", San Antonio resultaba infalible. En cada pueblo había una persona especializada en este rezo. Los pastores pedían limosna para este Santo que podía darse en forma de dinero, de patas y orejas de cerdo, etc. No comprendían que hubiera algún vecino que se resistiera a dar esta limosna y lo cantaban así: 

 

“Oh San Antonio bendito,

tú que eres tan milagroso,

al que no te dé limosna

méteye en casa el raposo”.

 

      También pedían la protección del Santo:

 

“Oh San Antonio bendito,

cuida el perro de Fidel,

se perdió en el Riospeso

y nadie ha vuelto a saber de él”.

 

      Esa noche, la de Nochebuena, los pastores, amparados por el derecho de asilo de la iglesia, disfrutaban de libertad de expresión. Sus cánticos podían criticar a los amos, al Presidente del pueblo y también a algún vecino que hubiera tenido malos o curiosos comportamientos.

 

“La pastora de Ferreras,

por ser la más pajarera,

cuando vio venir al lobo,

se subió pa la palera”.

 

      En ocasiones se dedicaban a ensalzar los buenos comportamientos de vecinos y autoridades. Al presidente de la Junta Vecinal que ganó un pleito sobre un tramo de monte a los de Villaviciosa, le decían:

 

“Y al Señor Presidente

le tenemos ofrecidas

siete ovejas los pastores,

si gana las Palombinas”.

 

      El Ramo podían cantarlo igualmente las mozas del lugar y dedicárselo a la Virgen del Rosario, a la Inmaculada o a Santa Lucía:

 

“Este Ramo que traemos,

de manzanas adornado,

nos lo ha dado una devota

de la Virgen del Rosario”.

 

      El canto del Ramo comenzaba “a la trasera de la iglesia” y sus cantores avanzaban hacia el altar conforme cantaban cada estrofa. Primero pedían permiso al  Sr. Cura para comenzar el cántico y, al final, le daban las gracias, cuando ya llegaban junto al párroco que presidía la Misa de Gallo y recibía el Ramo o las ofrendas. El cura daba a besar (adorar) la imagen del Niño Jesús. Entonces entonaban varios cantos o villancicos como este de 1897:

 

Este no es un Ramo. Es mi aguinaldo, pa que matéis la gusa, rapacines.

“Oigan todos los señores,

oigan todos los del templo

las maravillas y glorias,

los más ocultos secretos.

Las maravillas, las glorias,

los más ocultos misterios

vienen todos a cumplirse

en este feliz momento”.

 

 

 

Ferreras de Cepeda, 13 de diciembre (Santa Lucía), de 2013

 

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