LAS JAQUECAS DE MARCIAL



Marcial no tenía problemas y era un hombre feliz. Pero un día empezó a sufrir dolores de cabeza, ligeros al principio, que fueron aumentando hasta llegar a ser insoportables.

Cuando su trabajo y su vida empezaron a verse afectados por este problema, Marcial tomó la difícil decisión de acudir al médico.

El galeno especialista lo examinó, le pidió que realizase un montón de pruebas: analíticas de sangre, de heces y de orina; radiografías, electrocardiograma y resonancia magnética; y, una vez todas las pruebas en su poder, al fin le dijo:

- Le tengo que dar dos noticias: una buena y otra mala. La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza. La mala es que, para hacerlo, tendré que castrarlo. Usted sufre una rara situación en la que sus testículos oprimen la base de su columna vertebral y eso le causa sus dolores de cabeza.

   

Estetoscopio del cirujano de Marcial

 

Bisturí del mismo

Marcial quedó muy deprimido. Pero sus jaquecas empeoraban y, desesperado, decidió someterse a la operación.

Al salir del hospital, el dolor de cabeza había desaparecido por completo, pero se sentía abatido y desanimado, como si le faltara una parte de sí mismo, algo que antes estuviera dando una incierta alegría a sus días (obviamente le faltaba).

Para recuperarse y dinamizar su propia autoestima, pensó: “Lo que necesito es un traje nuevo”. Así que entró en unos almacenes de prêt-à-porter y pidió un traje.

El vendedor lo observó por un momento y dijo:

- Muy bien, será de la talla 48.
- ¡Exacto! ¿Cómo lo supo? – le preguntó Marcial.
- Es mi trabajo. - Repuso el vendedor.

Marcial se probó el traje, que le quedó impecablemente perfecto. Mientras se observaba en el espejo, el vendedor le dijo:

- ¿Qué le parece una camisa nueva?
Marcial respondió: - Pues, ¿por qué no?
- Veamos. Ha de ser un 52 de manga y 40 de cuello.
- ¿Cómo lo supo? – Volvió a preguntar Marcial.
- Es mi trabajo. -Repitió el vendedor

Marcial se puso la camisa y, mientras se veía tan elegante en el espejo, el vendedor le propuso:

- ¿Unos zapatos nuevos?
- Por supuesto! - Contestó, viniéndose arriba anímicamente.

El vendedor echó un vistazo a los pies de Marcial. - ¿El número 42, no?
- ¡Exacto! ¿Cómo lo supo?
- Es mi trabajo. - Respondió de nuevo el vendedor.

Mientras Marcial admiraba sus zapatos nuevos, el vendedor le preguntó:

- ¿Qué le parece si se lleva también unos calzoncillos nuevos?

Marcial, por un segundo, pensó en la operación que acababa de sufrir, pero no lo dudó:

- ¡Buena idea!
- Debe ser un calzoncillo de talla 46.
– Afirmó el vendedor.

Marcial se rió:

- Noooh, hombre, no! En esto se equivoca. He usado la talla 40 desde los 19 años.

El vendedor negó con la cabeza y dijo:

- No es posible que use la 40. Si lo hiciera, el calzoncillo le apretaría demasiado, le presionaría los testículos contra la base de la columna y tendría todo el día un tremendo dolor de cabeza…

 

Moralejas facilorras:

a) Dos ojos, a veces, ven más que uno.

b) "Cortar por lo sano " no es siempre la mejor solución.

c) Si sufres fuertes dolores, antes de dejártelos cortar, prueba a mudar la muda.

 

Belarmino

Mayo de 2016