No dejemos que se apague nuestra Navidad



Aquí había escrito yo el día 16 de diciembre unos comentarios acerca de una serie de noticias de prensa sobre una "supuesta campaña" para  "apagar la Navidad en los ámbitos municipales regidos por ediles de izquierdas".

Eran opiniones personales no dictadas por nadie, que ofendieron a personas reales, que no son ni han sido nunca, que yo sepa, merecedoras de tales ofensas.

Después de escuchar sus opiniones al respecto, estoy convencido que esos comentarios pecaron por falta de reflexión, por utilización de calificaciones injustas y por exceso de generalización. ¡Quien mucho escribe mucho yerra!

Por tal motivo he decidido aplicar dos remedios para subsanar mi error en todo lo que pueda:

  • El primero, eliminar dichos comentarios (espero que no dejen ni rastro).

  • El segundo, pedirles, en el mismo lugar y modo, que me perdonen por mi falta de ponderación.

Sed ommittamus haec et veniamus ad rem.

 

Así pues, una vez retirados los comentarios desafortunados, dejo únicamente la parte que espero resulte de algún provecho:

La Navidad no es "cosas físicas", concretas, localizables… Es algo intangible, sublime, interior… No arde en llama, a pesar de su resplandor y de que sea simbolizada con luces y estrellas. No tiene sabor, aunque nos invade con su dulzura de turrones, mazapanes, roscones….  No necesita alardes en palacios, sanedrines, ni pretorios, pese a los aparatosos árboles de Navidad que son izados estas fechas en cada metrópoli. Tampoco encuentra fácil acomodo en alojamientos lujosos, sino que acude más fácilmente a las chozas discretas y a los hogares sencillos.

La Navidad, la nuestra, es una conmoción del ánimo individual, o familiar a lo sumo, y sólo cada uno de nosotros podríamos dejar que se apague, poco a poco, a fuerza de no sentirla o de rechazarla.

 

Por lo tanto, os prometo ahora mismo cumplir las promesas que más ganas tengo ya de cumplir:

  1. Que me arrepiento de todos mis pecados.

  2. Que voy a reactivar el tradicional Especial de Navidad de Telemarañas, en que serán bien recibidos todos vuestros recados, felicitaciones y aguinaldos para estos días.

  3. Que me conjuraré con mis nietos para entonar frente a nuestro nacimiento, esta Navidad otra vez más, los villancicos más bonitos (¡se los saben todos!) y para saborear nuestras golosinas preferidas.

  4. También compraré una de aquellas grandes “anguilas de mazapán”, para compensar tantas gulas como sentíamos en Astorga, al mirarlas ansiosos desde fuera de las lunas de los escaparates de “La Mallorquina”, “La Maruja”, “La Flor y Nata”, “La Cepedana”, “El Arriero Maragato”...

  5. Y dedicaré unos cuantos cálidos “ratos al amor de la lumbre” a recordaros a cada uno de vosotros y a revivir las minucias más entrañables de “aquellos nuestros antaños”.

Os propongo que hagáis otro tanto para reavivar vuestra Navidad. ¡No dejéis que se os apague!

En mi nombre
y en nombre de todos los míos
os deseo a todos vosotros
y a todos los vuestros
una muy feliz Navidad 2015.


Herminio