ADESTE, FIDELES


 

Una conversación telefónica, hace unos días, con Herminio, y la proximidad de las fiestas navideñas me estimulan para escudriñar en mis recuerdos e intentar encontrar imágenes de las Navidades pasadas en el Seminario.

JJ, el goloso, y sus chuches

Lo primero que recuerdo es que en aquellos días de Navidades, a nuestros 12 años, mis recuerdos estaban muy lejos de Astorga, concretamente en un pueblo de Galicia,  más distante aún en tiempo que en kilómetros. Creo que pasábamos las Navidades en Astorga porque algunos, entre ir y volver del pueblo, casi agotaríamos los días de vacaciones.

Yo, por razones que ahora obviamos, no fui a Las Ermitas, pero para ir a mi pueblo desde Astorga había que pasar por Las Ermitas. Por ello los de la ribera del Órbigo que fuisteis a estudiar allí comprenderéis lo que digo.

De oca a oca y tiro porque me toca

Por los motivos que fueran, esos días navideños no los pasábamos en el hogar, pero los pasábamos en “los hogares”, nombre que recibían las estancias de juegos de mesa y tertulias. Supongo que le dieron ese nombre para hacernos un poco más llevadera la nostalgia, o en mi caso la morriña, de otras Navidades. Allí pasábamos ratos muy entretenidos durante las vacaciones de Navidad. Además de premiarnos ocasionalmente con algunas “chuches”, resultaba divertido participar en los diversos juegos de mesa. Recuerdo el parchís, la oca e incluso el ajedrez, donde lo vi por primera vez y al que posteriormente me llegué incluso a aficionar.

Hay un recuerdo imborrable para mí, que me viene a la mente de forma persistente. Es ese villancico que en aquel momento me parecía totalmente extraño y atípico, “Adeste Fideles”, del que todavía parece que escucho su eco en los “hogares” y por los claustros del Seminario. A pesar de que su música sí me gustaba, uno estaba acostumbrado a “Los peces en el río” o “25 de Diciembre fun fun fun”, que no tenían mucho en común con éste. Además el nuevo villancico no tenía ni rima, ni en él sonaban la zambomba, pandereta o castañuelas. Ni siquiera  entendíamos nada de la letra. No olvidemos que sólo llevábamos tres meses estudiando latín, aunque fuera desde el principio de forma intensiva. 

Pastelitos de Nochebuena

Ya estábamos muy habituados a ir a misa, pero no a la Misa del Gallo, que a mi me sorprendía un poco precisamente porque en el Seminario no había gallos, aunque, como en cualquier otro sitio, hubiera quizá algún “gallito” que otro. Seguro que fue solemne o al menos llena de solemnidad, pero yo he de confesar que en mi disco duro ocupa más espacio el recuerdo de unos pasteles con los que nos agraciaron,  después de la misa, que la mencionada Misa del Gallo.

Frente a esos recuerdos que tengo de esas Navidades en Astorga, no recuerdo nada de otros aspectos también plenamente navideños:

  • No recuerdo nada, por ejemplo, de Papá Noel. Supongo que todavía no había tenido tiempo de llegar desde los países nórdicos a Astorga, quizá porque, como en Astorga no nevaba demasiado, allí no llegaban los trineos. Y, si allí no llegaba Papa Noel, seguro que no traía regalos.
  • A pesar de que recuerdo bastantes iglesias, además de la Catedral, con sus respectivas campanas, no me suena absolutamente nada de las campanadas de Nochevieja, si bien creo que en aquellos momentos se daba menos la campanada que ahora y las campanadas que se daban no eran televisadas.
  • Igualmente no recuerdo nada del típico pavo de Navidad ni de los brindis con cava, a pesar de que no teníamos que conducir para ir a casa.
  • Tampoco tengo recuerdos especiales de los Reyes Magos, salvo de verlos en el Belén. Yo no le escribí la carta y, por lo tanto, no  recuerdo que vinieran cargados de regalos. Quizá el día de Reyes se celebraba menos que ahora porque no teníamos Casa Real y había menos monárquicos e incluso menos “juan carlistas”. Además hay algo a tener en cuenta al respecto… Los niños de ahora son precoces, entre otras cosas, en temas informáticos. Entonces éramos precoces, creo yo, entre otras cosas, en captar enseguida el parentesco que los Reyes Magos tenían con los padres.

Ahora algunos aseguran que se sabe con facilidad cómo alguien ha pasado las Navidades, precisamente por la respuesta que dé a la pregunta ¿lo has pasado bien o en familia? Yo no asumo esa teoría, pero de acuerdo con ella aquellas Navidades tendrían que haber sido para nosotros… “de pecado”. Bueno…, pensándolo mejor, relativamente. Primero porque nosotros de pecado no teníamos nada, salvo quizá alguno venial. Segundo porque podíamos decir que aquella también era nuestra familia. Prueba de ello es que, después de 50 años, cada vez que nos manifestamos, no podemos disimular que lo dejamos entrever a través de los recuerdos de aquellos años sobre nuestros compañeros y de quienes estaban trabajando por nuestra educación. 

Esta era tentadora; pero no la olimos, solamente la vimos en el escaparate

 

¡FELICES FIESTAS!

Juan José Feliz