Veladas de Navidad, 24 y 25 de diciembre de 2017

6 - Impás de Navidad


 

El relato (continuación).

Síntesis de los hechos conocidos. Silencio prolongado, sin noticias.

Lugar: Incierto, entre el valle de Valdesamario y los rasos de La Lomba del Campestedo.

 

Fechas: Martes, 24, Nochebuena, y miércoles, 25 de diciembre de 1850, Navidad.

Horas: Día y noche.

Protagonistas. ¡Seguimos sin protagonistas! ¡Los nuestros, Ramón, Francisco y Restituto, siguen desaparecidos desde la noche del jueves, 19 de diciembre de 1850!

 


 

Yo velo, tú velas…, seguimos velando:

La Omaña y La Cepeda Alta son en los tiempos de antaño tierras de pastores. En tierras de pastores los días festivos, como los de Navidad, son festivos sólo a medias, porque no se debe abandonar a los rebaños. 

Habitualmente los montes y valles bullen y laten todo el día en las jornadas de Navidad con el balido de los recentales que esperan en las cortes y los de sus madres que los echan en falta mientras triscan por el monte. Sin embargo estos últimos días La Lomba entera emite un silencio casi inalterable. Los rebaños permanecen encerrados en los apriscos, a la espera de que el sol del mediodía consiga derretir la nieve, y entretienen su hambre ramoneando los fuyacos que cuelgan en las cortes.

Durante la espera los pulsos vitales siguen su cadencia y a varias ovejas les llega el momento de parir.

 

Estos días de Nochebuena y Navidad hombres y niños han de cuidar el ganado. Todos los rapacines de La Omaña tienen las tareas tasadas: cebar los ganados menudos (corderos, ovejas, cabritos y cabras) dos veces, por la mañana y por la tarde, con unas forcadas de heno, que deben mesar con el garabito en el pajar, y unas cestas de berzas picadas, espolvoreadas con unas murciadas de harina del escriño de la panera. También les deben colgar de las vigas del aprisco unas cuantas ramas de fuyacos de roble para que entretengan sus dientes y su hambre royendo las hojas y los troncos menudos.

Cada feije de fuyacos nuevo sustituye a otro ya triscado, que es llevado al portal para picar sus seroyos a machetazos. Con los palines resultantes, con unas gabillas de urces, con unos brazaos de rachones de roble y con unas cestas de tuérganos, también picados a golpe de machao, se atizará todo el día y toda la velada la lumbre del llar para “calentar al Niño Jesús” que ha de nacer esta noche (y de paso compartirán el mismo “amor de la lumbre” todos los moradores de la casa).

 

A la vez que recogen las urces, irán seleccionando, para utilizarlos de aguzos, sus troncos más regulares, del grosor de un dedo aproximadamente, y los más retostados por las inclemencias. Encendidos por un extremo y espabilándolos, desprendiendo la parte ya quemada cada momento, les servirán para iluminar la casa y economizar velas y otros combustibles, y para jugar al mismo tiempo, pasándose de unos a otros el aguzo encendido hasta que se apague (pierde el juego en que tenga en la mano el aguzo en el momento de apagarse mientras recita la cantinela):

“Al gato Melendrigue ¿quién me lo comprarigue?
Si el gato muere, cargádmelo bien de fuerte.
¿De qué fuerte?
De palo y piedra.
Vivo te lo doy, muerto me lo darás, tú lo pagarás".

Los mismos rapacines han de desoriciar unas cuantas castañas y engarriar al desván para bajar peras y manzanas. Con todo ello llenarán el cestín del avituallamiento para la velada.

 

Otra tarea que les puede exigir una especial habilidad es la de atrapar el gallo lider del corral que sera sacrificado para la cena de la familia. 

El mejor gallo del año
se cena en la Nochebuena.
El nuestro no lo cenemos
porque s’escondió en la leña.

  Pandereta sonagera,
yo te tengo que romper,
qu’en la ronda de mi novia
no quisite sonar bien.

Además recibirían encantados el aviso, si se producía, para correr a recoger el aguinaldo de casa de los padrinos y abuelos.

El tiempo restante, tiempo libre, lo consumirían en localizar y acondicionar, junto con sus amigos, las mejores resbaletas de hielo para competir en velocidad y equilibrio, cuidando mucho de no llevarse un buen justrazo. Si salían indemnes y triunfaban en el desafío durante mucho rato, tenían muchas bazas de ganarse unos sabañones de campeonato para sus orejas, manos y pies, premio cuyo comezón iban a tener presente cada hora de la velada y les iba a dar bastante que hacer para manterlos comvenientemente rascados.

 

Por su parte, las mujeres, mozas y rapacinas, además de atizar la lumbre, surrascar el recoldo y aviar las comidas, tratarían de hacer que lucieran las fiestas, adornando el “Ramo de Navidad” y entonando los cantares del mismo.

 

Si la duración de la hornada anterior lo hacía coincidir, amasarían una nueva hornada de pan y, en lugar de un par de hogazas, harían un par de tortas de chorizo y tocino y un maragatín para cada niño o niña de la casa, que, antes de comerlos, les recitarán el son de rigor: “Maragato, pato, rabo de cuchar, calza las abarcas y márchate a bailar”. Las mozas que estuvieran en edad de hacerse valer, se aplicarían el cuento:

"Cuando mia madre masa
yo m’enfarino
pa que digan los mozos
que yo he cernido”.

Mozas y mujeres aprovecharán los ratos de las veladas para filar, tejer y zurcir prendas de lana para todos los miembros de la familia.

Llegada la media noche del día 24, sonarán las campanas un son de estrellas congeladas y llegará la hora de ir a Misa de Gallo, a cantar los ramos y a besar la patina del Niño Jesús.

 


Anuncio a los pastores.

 

En aquella región acampaban unos pastores que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.

De pronto se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: "No temáis, porque os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre".

Y junto con el Ángel apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres amados por él!"

 



En tres de aquellas familias suponemos que se repetirían, ya en voz alta, cuestiones como “¿No iban a venir a pasar las navidades? ¿Cuándo podrán llegar? ¿Les impediría la nieve salir de Astorga para acá? ¿Cuándo podremos saber algo de ellos?”.

Intuimos que sus padres y madres habrán pedido ya la colaboración de los párrocos para averiguar, al menos, si llegaron a iniciar el viaje y si todavía pueden llegar.

 

En las navidades y hogares de hogaño, en cambio, con menos necesidades perentorias y más tiempo para holgazanear, sobrecargamos tanto de actividades extraordinarias los días de Nochebuena y Navidad que no encontramos nuestro propio tiempo y no se lo podemos dedicar, por ejemplo, a las relaciones humanas desinteresadas y a los afectos sublimes, como éste de velar, 167 años después de su partida, la espera de nuestros predecesores de hace 167 años, de cuyas andanzas y paradero no tenemos ninguna nueva referencia.

Mientras tanto, algunos nos consolamos desempolvando viejas aficiones y cumpliendo, mal que bien, las obligaciones de patronazgo del Ramo de Navidad en memoria y desagravio de nuestros antepasados: ¡Dios les dé la gloria, que es vida eterna!


 

   

Ramo de manzanas

 

Ramo de cera y adornos

 

Ofrecimiento de los ramos y ofrendas.
(Ferreras, Navidad - 2016)


19. Vamos a cantar un ramo,
pero ofreceremos dos,
memoria de antepasados
y acción de gracias a Dios.

20. Uno será de manzanas,
aguinaldo de otros tiempos,
¡que Jesús, José y María
compartan nuestro sustento!
  21. Otro de cera y adornos,
ofrendas de bienvenida,
de acogimiento y amor
a la Sagrada Familia.

22. Añadimos unas velas,
hachas de este vecindario
de preces por los difuntos
y lumbre para el sagrario

 


 

Pocos somos a pedir; pero pedimos por ellos.


Por nuestros predecesores, ya amigos ¡Que Dios los lleve en paz a sus casas!

 

Telemarañas, 25 de diciembre de 2017, Navidad.