Veladas de Navidad, 23 de diciembre de 2017

5 - Impás de 23 de diciembre de 1850



El relato (continuación).

Síntesis de los hechos conocidos el 23 de diciembre de 1850. Silencio prolongado, sin noticias.

Lugar: Incierto, entre el valle de Valdesamario y los rasos de La Lomba del Campestedo.

Fecha: Lunes, 23 de diciembre de 1850.

Hora: Noche y día.

Protagonistas. ¡No tenemos protagonistas! ¡Los nuestros, Ramón, Francisco y Restituto, siguen desaparecidos desde la noche del jueves, 19 de diciembre de 1850!

 

Yo velo, tú velas…, seguimos velando:

¡Un día más! ¡Y otra noche! Y seguimos velando, encerrados en el silencio ambiental y en nuestro silencio interior, con los bártulos preparados por si nos convocan a correr.

El cuarto día pasa eterno, sin noticias, sin nada que hacer ni nada que decidir. No nos apetece hablar ni celebrar fiestas.

 

Fuera, allá arriba, en aquellos días, en Santibáñez de La Lomba y en todos los pueblines de La Omaña gotean los chupiteles colgados de techos y tejados, contando el tiempo gota a gota, mientras los perros se aburren o impacientan, oteando con mirada triste los horizontes, como si esperaran algo que no llega. Estos mismos perros inician cada una de estas noches un leve coro de latidos, indeciso, desesperado.

Parece que algunas madres empiezan ya a revolver su carácter, movidas por una angustiosa ansiedad, exigiendo una salida a su impaciencia de los atardeceres. Mientras tanto, los padres sostienen una mirada impotente, baja, insegura, aguardando los amaneceres.

 

 

Aquí, fuera también, en toda nuestra diáspora y en estos días de hogaño, la estación parece impropia del calendario por su clima cálido y despejado, desesperadamente seco, que empuja a las lagartijas a asomar desde sus miradores y apretarse contra las rocas soleadas tan pronto se retira la helada pelona.

Aquí no sabemos qué hacer. Llevamos un sinvivir raro, hasta apreciamos menos las felicitaciones que insinuamos en voz baja. Esta marca del sufrimiento es una elección propia y, en buena lógica, sería injustificable, como el hecho de querer conocer personalmente a Ramón, Francisco y Restituto, de recrearlos en forma de avatar para incorporarlos al panteón de nuestros amigos. Pero se justifica porque nosotros sí sabemos lo que sus familiares ignoraban hace hoy 167 años: que habían salido de Astorga hacia sus domicilios y que, perdidos al anochecer del día 19 de diciembre en medio de una repentina y copiosa tormenta de viento y nieve, no habían llegado a ninguna parte 96 horas más tarde.

Aquí, no obstante, abrimos la puerta a los amigos con más apetencia que nunca de esperanzas o de abrazos.

Por eso nos alegra hoy la llegada, ya anunciada y muy esperada por cierto, de nuestro pregonero angélico, Ángel Pérez, experto en risas y amistades.

¡Adelante, rapaz! Ponte cómodo y

cuenta, cuenta… que, contando,

se aligera la mochila,

con las musas se espabila

y se camina cantando

(VíctorR)

 



La amistad está viva

Navidad 2.017

Y, si hablara el claustro

Y, si hablaran los patios

Y, si las barandillas de las escaleras hablaran.


Y, mira tú por dónde, por iniciativa de unos pocos y el interés de otros muchos, aquellas puertas grandes se volvieron a abrir.

Y, tras ellas, con paso lento, vestido de arrugas y con la alegría desbordante de antaño, apareció el compañerismo.


Y el silencio habló

Y recordó:

Que, en los pupitres de al lado, tomaba asiento el compañerismo.

Que, en el bullicio del patio, chillaba el compañerismo.

Y que, en la clase de latín, en la clase de matemáticas, percibías, siempre con gesto afable, el apoyo del compañerismo.

Y que el compañerismo carcajeaba, sotana al cuello, deslizándose sobre las barandillas de las escaleras en Astorga.

Y que el compañerismo jugaba al fútbol en los campos de la plaza de toros.


Y, de tanto usar el compañerismo, en la adolescencia brotó la amistad, repleta de intimidad, inseparable, auténtica, cargada con fardos llenos de secretos de juventud.

Y, en los paseos de los domingos por la tarde desde Astorga a San Justo de la Vega, se mostraba al amigo el rostro feliz de esa amistad.


Y en la clase de literatura, aprendimos a jugar con las palabras, y a entender que metáfora es el sabor complaciente que produce la lectura.

Y en las clases de música medía el compás el compañerismo y solfeaba sin desentonar la amistad.


Y hubo un tiempo, largo tiempo (en algunos casos 40 años más o menos), en el que esa honorable amistad se aletargó.


Pero, insisto, por iniciativa de algunos e interés de muchos, a nuestros sesenta y… despertó el compañerismo, revivió la imperecedera amistad.


Con el deseo de que estos pensamientos os regalen algún grato recuerdo.


¡Feliz Navidad, compañeros!

¡Amigos, feliz Navidad!


ÁngelP.

 


 

- Me decías, Ángel, que tú no recuerdas veladas de tu infancia ni cosillinas. ¿Qué hacíais en tu casa las noches tan largas del invierno después de la cena y hasta la hora de iros a dormir?

- Sí hacíamos reuniones, limitadas a la familia, con algunos de mis tíos; pero nada de esos fiestorros que tú mencionas como veladas. Y las cosillinas tampoco.

- A ver si recuerdas éstas: “¿Cuánto valen siete naranjas y media, a peseta y media la naranja y media?”. “¿Por qué la gallina pica la sartén?”. “¿A qué vuelta se echa el perro?”. “Llarga, llarga como una soga y tiene unos dientes como una lloba”.

- Ya. Acertijos. 

- Así es. Acertijos. Nosotros también considerábamos “cosillinas” otras cosas de broma como éstas: “A mi puerta llegueste y estornudeste, si yo estabay dentro, ¿por qué no entreste?”. “Fierra las madreñas altas, mocina qu’eres pequeña; tienes mucha vanidad, no sabes dónde ponerla”. “El burru-l tou padre, Dios lo bendiga, corre más cuest’abajo que cuest’arriba”. “Detrás de los burrus vais los gañanes ¡vaya paso llevades los animales!”. “¿Por qué te sequeste, demonio palero? ¿Por qué te sequeste al pie del reguero?”. “La novia que quieres, subida a un cerro,  por decir “vida mía”, dijo ¡borrego!”. “A tu puerta me cagué, pensando que me querías. Ahora, que ya no me quieres, dame la mierda, que es mía”.

- Ya. Coplas. Eso son coplas, muy conocidas. Sí.

- Ya veo que no estás d’afuega. ¡Ya te olí yo! Y eso que habías dicho que éste era año de reirse. Tú no eres así. ¿Qué pasa, que te afecta lo de estos compañeros que tenemos desaparecidos?

- Sí que me afecta. Para mí el compañerismo y la amistad son cosas sagradas. Ya sabes: “la marca”.

- Sí que lo sé. Nos pasa a todos. Esta Navidad está siendo triste, más todavía con esta noticia.

Para terminar contigo, me gustaría recordar aquel "Recado de Navidad" que había compuesto y nos recitó don Gregorio el día de Santa Lucía de 2013 a los postres de una velada en mi casa de Ferreras en que estabais tú, Celedonio y Natal. ¡Recordemos!

 

RECADO DE NAVIDAD

Gregorio Rodríguez Fernández

(Ferreras. Santa Lucía. 2013) 

 

1.  Vuelve –y nosotros nos vamos-

la ilusión donde solía,

el músico a su armonía,

el amor a sus reclamos…

Sin duda, todos buscamos

reforzar nuestra amistad,

que es mala la soledad

cuando hay ángeles de espuma.

Dios es niño, sigue y suma:

claridad más claridad.

 

2.   Otra vez –gira la rueda-,

cumple años la ternura.

Inscrito en forma y figura,

pasa Dios, ¡pero se queda!

Otra vez la luz se enreda

en las pajas de Belén

y en misterioso vaivén

nos trae y lleva la vida

de saludo a despedida

y ¡sigue rodando el tren…!

 

3.    Otra Navidad regresa

y es luz que el corazón ama,

pasa el tiempo, arde la llama,

vuela la vida en pavesa...

Nos sentamos a la mesa

de todas las navidades

y hablamos de otras edades,

de los amigos queridos,

y oímos viejos latidos

de amores y soledades.

 

4.    Traemos a la memoria

el gran acontecimiento

que da esperanza y aliento,

año a año, a nuestra historia.

¡Para Dios sea la gloria,

para los hombres la paz!

Os deseo de verdad

que cual pastores seáis

y con los vuestros tengáis

una feliz Navidad.

 

Seguiremos esperando.

 

Seguiremos asomando a las sendas de entonces, a las que anduvieron sus pasos perdidos, ahora más inciertas porque han sido repobladas por el matorral y los arbustos.

 

 

¡Que Dios los lleve en paz a sus casas!

 

Telemarañas, 23 de diciembre de 2017, 24 horas antes de Nochebuena.