Veladas de Navidad (20, 21 y 22 de diciembre de 2017)

4.- Impás (20, 21 y 22 de diciembre de 1850)



El relato (continuación).

Síntesis de los hechos conocidos. Gran tormenta de nieve y luego silencio, sin noticias.

Lugar: Incierto, entre el valle de Valdesamario y los rasos de La Lomba del Campestedo. 

 

Fechas: Viernes, 20, sábado, 21, y domingo, 22 de diciembre de 1850

 

Hora: Noche y día de tres días enteros.

Protagonistas. ¡No tenemos protagonistas! ¡Los nuestros, Ramón, Francisco y Restituto, han desaparecido!

 

 

Yo velo, tú velas…, velemos todos:

¡Una velada de tres días! ¡Madre, qué sueño! ¡Se hace tan dura como una caminata interminable! Ni siquiera en la mili se hacían guardias o imaginarias de tan larga duración.

La iniciamos anteayer y 72 horas después todavía no conseguimos darle fin. Esperemos que nos lleve a algún buen remate.

Habíamos llegado a última hora del día 19, acompañando a nuestros predecesores en otra dimensión del tiempo y en otras dimensiones del espacio, hasta el valle de Valdesamario en medio de un tiempo fosco y trotando caminos muy pindios p’arriba y p’abajo.

Habíamos empezado a compadecer sus dolores de piernas, su fatiga, sus escalofríos y sus sinsabores (degustando también nuestras lágrimas saladitas de la nariz), pero también nos hinchaba el pecho su bravura, al asaltar pendiente arriba y en medio de una incipiente y cruda nevisca, las primeras rampas de las sendas que los habían de llevar, por entre bidulinas, fueyos y torganales, a las cuerdas cimeras de los rasos de La Lomba: hasta Andarraso o Rosales y, luego, a Santibañez de La Lomba, donde conjeturamos que tenían la intención de poner fin a aquella larga y dura jornada acogiéndose al calor del llar y de la familia de Ramón, saboreando una reconstituyente prueba del reciente sanmartino, unas gruesas rebojas de pan con mantequilla o requesón, unas migas azucaradas y unos reconfortantes trinques de leche con miel o de vino con miel, según los gustos palatales.

 

 

 

Mas…

A esta hora, 72 horas (y 167 años) más tarde, rematamos una nueva velada trigémina sin noticia alguna de su paradero. La única noticia trascendente y constatable yace sobre el suelo de toda La Omaña, en forma de una manta blanca y profunda que cubre toda la superficie visible, ocultando plantas de pradera, geijos, arbustos y animales montesinos; tan sólo las copas de los árboles y los crestones de peñascos sobresalen de los trabes.

La tormenta repentina de nieve se había descolgado de las cumbres del noroeste (Nevadín, Tambarón y Suspirón) arrastrada por una bufa endemoniada.

En los pueblines omañeses, recogidos bajo las espadañas de las iglesias, nada ni nadie parece rebullir.  Y nadie parece conmoverse por este susto nuestro en el resto del universo mundo.

¿Por qué es así? ¿A qué razones obedece esta parálisis?: Ni nuestros predecesores han aparecido en Santibáñez ni en ninguno de sus hogares de destino, ni sus familiares han dado la voz de alarma, desconocedores con toda probabilidad de su intento de llegada, ni otro viajero alguno ha comentado ningún encuentro con ellos.

Nosotros y el tiempo sí estamos en impás. En impás, ni impávidos ni impasibles, a la espera de acontecimientos o novedades o de algo que llevarnos al ánimo. A la vez estamos sobrecogidos, alarmados, pero no queremos alarmar ni tocar las campanas a rebato, como sería tal vez aconsejable, para organizar su búsqueda con la ayuda de todas las almas y de todos los perros de todos los pueblos a lo largo y ancho de todos sus presumibles itinerarios.

Tampoco sabemos qué podemos ni qué debemos hacer con esta simpatía que sentimos tan hondamente desde nuestras residencias desparramadas y lejanas en el espacio y en el tiempo.

Estamos seguros de que debemos alargar nuestra velada y manteneros informados y prevenidos, por si tenemos que convocaros a salir en su búsqueda. Tened aviados el zurrón con la merienda, el mastín con las carrancas, los tajones, las engorras, el tapabocas, el cayao y unos paízos untados con sebo por si hay que salir a esgape.

 

Llaman a la puerta. ¿Quién será tan a deshora? Abre, anda,  que hace un frío que pela.

Y va y aparece (algo intempestivo, como siempre, aunque en buena hora) un Almanza virtual, filosofante, abrasado de afectos y de entusiasmo enmarañado, cargado de memorias y con alguna cosillina en la fardela carraquera para sacarnos de este decaimiento que nos tiene aburridos.

Apartemos pues, por un momento, las angustias del presente y del pretérito pluscuamperfecto para gozar de su grata compañía:



¡Feliz Navidad, Telemarañas y telemaraños!

Recién acababa de enchufarme a Telemarañas con un bolígrafo y un folio, cuando me dio por abrir el buzón por si encontraba en él algún hilo de inspiración para mi felicitación navideña, y allá que descubrí en un rincón del mismo tu primoroso cesto de aguinaldo. Viéndolo, Herminio, nadie diría que este año León ha sido un desastre de producción, porque los preciados frutos que hay en él se desparraman sobre los bordes y ruedan generosamente hasta las mesas de los de la familia del 59. Modificando ligeramente la consabida sentencia, podríamos decir que "ex abundantia cordis loquitur cestus", un cesto incapaz de contener tanta abundancia de amor.  

Hablando de familia…

 

 

Me imagino que muchísima gente no podrá celebrar la Navidad, sencillamente porque no tienen con quién o porque no tienen dónde. Nosotros afortunadamente somos una amplia familia, muy dispersa, eso sí (Cataluña, Canarias, Andalucía, Galicia, Asturias, Madrid, León...), y además tenemos un hogar donde poder celebrarla, un hogar que ha estado bajo la amenaza del desahucio definitivo, pero que gracias al tesón y al empeño de algunos miembros, ha sido recuperado para todos. Decidme si no es motivo de felicitación que la recuperación del hogar Telemarañas se haya producido precisamente a las puertas de la Navidad para poder albergar el calor de la familia dispersa. Sin duda, el mejor aguinaldo.

 

 

Me traslado por un instante a la Palestina amurallada, asediada, devastada, y pienso en tanto hogar convertido en ruinas, en tanta familia desmembrada, en la violencia colonizadora que no cesa; y me imagino a la Sagrada Pareja -camino de Belén- viéndose atrapada en un checkpoint del ominoso muro, y a María llorando a causa de las contracciones en medio de un interrogatorio interminable, y teniendo que dar a luz entre fusiles. Sólo de pensarlo da dolor, por eso procuramos no pensarlo. Pero lo cierto es que la estirpe de Herodes no ha desaparecido todavía.

 

Ahora bien (mejor dicho: mucho más tarde y no demasiado bien) mandó por mensajero esta posdata:

Me imagino que a estas horas el gallo cepedano, tras saludar al día, se habrá dado ya una vueltecica por el nial con el fin de comprobar si alguna pita madrugadora se ha pasado por allí para depositar su óvulo como contribución a la propagación. Y siendo así, efectivamente habrá comprobado que "la pita ciega" ha puesto un huevo, ha puesto dos, ha puesto tres... Esperemos que no los haya puesto "ralos", aunque sólo sea para no frustrar las muy nobles aspiraciones del gallo.

Herminio, quiero que hagas una pequeña corrección en el tercer verso del Re-Nacimiento: en lugar de "tu ojo" vamos a poner "el ojo", que creo que pega mejor. Es lo que pensaba poner desde el principio, pero ya sabes, el trasnueche suele traer estos traspiés.

Un abrazo fuerte y Felices Fiestas.

Yo dentro de unos momentos emprenderé rumbo a Pamplona para pasarlas por allá. Vale.

Él sabe que debió decir "valete". Como no lo dijo, lo digo yo por él: Valete!

Y aclaro: Me pilló con el pan ya en el forno, pero lo arreglaré de inmediato para que, al desenfornar, no aparezca jatiao. Quitaré la tapa de los cantales, sacaré con el cachaviello el maragatín, le quitaré, sin mancarlo, el “tu ojo”, que tiraré para la cernada de la fornigüela, le pondré “el ojo” como mejor pegue, lo acostaré sobre la primera lloriega y rezaré de nuevo, con un recuerdo especial para nuestros compañeros de antes y ahora, las partes que recuerdo de las imprecaciones rituales para después de enfornar:

 

 

“Pan en el horno, Dios sobre todo.

Señor que nos sacaste de los peligros del día, líbranos de la tinieblas de la noche.

… Por los caminantes de mar y tierra, cautivos y encarcelados, para que Dios los traiga en paz a sus casas;  por la salud de los enfermos y por la nuestra, oh Dios, si nos conviene...”

 

 

Re-Nacimiento

(Dedicatoria a Telemarañas)


Cuando ya todos te dábamos por muerta
y el velatorio estaba a punto de estrenarse,
el ojo receloso nos hizo de repente
un guiño entre burlón e irreverente.

La parte de la familia allí presente
nos miramos nerviosos un instante
al verte "apitañar" tan mansamente,
pero pronto pudimos darnos cuenta
de que había mucha vida por delante.

Nos fundimos en un abrazo con la muerta,
nos subió la emoción a la garganta,
nos miramos de nuevo alborozados
y jubilosos gritamos en cascada:
¡larga vida a la Resucitada!

 

I. Almanza R.


 

Seguiremos velando:

Antes de acostar nuestros desvelos a dormir, echamos un último vistazo hacia las sendas, por ver si teníamos la suerte de columbrar el caminar incierto de nuestros viajeros.

 

No hubo suerte.

¿Seguirán en camino?

¿Por dónde? ¿Hacia dónde?

Nosotros seguiremos tele-transfundiendo nuestras fuerzas hacia sus cuerpos y sus voluntades.

 

¡Que sigan con Dios!

Telemarañas, 22 de diciembre de 2017.



Apéndices:

Arquitectura omañesa y algunas de sus palabras. http://www.saber.es/web/biblioteca/libros/arquitectura-tradicional-comarca-omana-valle-samario/html/t06.htm#.4