Veladas de Navidad (18 de diciembre de 2017)

2.- La víspera (18 de diciembre de 1850)


 

Las informaciones que siguen son el resultado de nuestras elucubraciones durante la “velada” del lunes 18 de diciembre de 2017. En los siguientes días irán apareciendo las de las siguientes veladas que realicemos.

A la velada de hoy habéis acudido muy pocos, espero que las siguientes sean más concurridas. En ellas vamos a rememorar los lejanos ecos de nuestra juveniles peleas por la vida y de los  goces inocentes de nuestras más gloriosas ilusiones.

Establecemos como tema principal y modelo para estas navidades el relato - crónica de los hechos protagonizados por tres “predecesores” nuestros hace 167 años. Con ello, además, daremos vida a su memoria.

Los datos originales me han sido aportados por Manuel Fernández Mínguez, viejo amigo omañés natural de Valdesamario, en forma de apuntes para un artículo, con permiso expreso para que los utilicemos en la forma que más nos convenga para nuestras elucubraciones teleenmarañadas. Sus textos aparecerán en cursiva y de color azul.

Se admiten enmiendas y correcciones que iremos aplicando a los textos ya publicados.

En estas veladas serán especialmente bienvenidas las cosillinas que cualquiera de los lectores pueda obtener de su caletre o de sus propias investigaciones, vengan o no al caso.

 

El Relato.

Síntesis de los hechos y datos conocidos.

Lugar: Los hechos objeto de esta crónica tuvieron su inicio en Astorga  y transcurrieron de paso por los caminos de La Cepeda con destino en La Alta Omaña, todo ello en la provincia de León.

Fechas: Navidades de 1850.

Protagonistas. Tres seminaristas del seminario de Astorga.

  • Restituto Flórez García, de 16 años, hijo de Manuel y de María, natural de Valbueno en El Valle Chico de La Omaña.
  • Francisco Sabugo Rodríguez, de 17 años, hijo de Manuel y Martina, natural de Cirujales en El Valle Gordo de La Omaña.
  • Ramón García Martínez, de 20 años, hijo de Fernando y María, natural de Santibáñez en La Lomba del Campestedo de La Omaña.

Añadiremos, cosecha de nuestra propia conjetura, que Restituto cursaría probablemente el último de los cursos de humanidades, Francisco el primer curso de filosofía y Ramón el primero de teología.

Los identificaremos como "protagonistas" o "predecesores". En términos de mili o de guerra, les llamaríamos "veteranos", "abuelos"...

La víspera.

Dice mi amigo MFMínguez que "...el día 19 de diciembre de 1850 estos tres seminaristas de Astorga se despidieron muy temprano de sus compañeros y tutores para pasar las vacaciones de Navidad con sus respectivas familias."

Pero nuestra experiencia, que podrá ser confirmada o desmentida por investigaciones futuras, nos induce a creer que todo comenzó unos días antes del fijado para la partida. ¿Cuántos días antes? Lo desconocemos. Suponemos que pocos.

Los preparativos se iniciaron con las primeras noticias que confirmaron oficialmente la concesión del permiso para ir a pasar las navidades con sus familiares. Sería algún superior o el rector en persona quien se reservara el privilegio de anunciar tan grata noticia a toda la comunidad: desde el jueves, 19 de diciembre, hasta el miércoles, 8 de enero, no serán días de “docendi”, sino de “vacandi scholas”, por lo que alumnos y profesores podrían pasar con sus respectivas familias las “ferias natalitias”.

El entusiasmo del superior, que disfrutó con la transmisión de una buena nueva tan agradable para su auditorio, fue superado por el de los alumnos y profesores. ¡Qué perspectivas tan prometedores aparecían en el horizonte inmediato de los días y en el escenario añorado de los hogares familiares!

 

Pero...

La carencia de un servicio ágil de correos, teléfonos o telégrafos impidió que nuestros protagonistas pudieran prevenir a sus familiares sobre la fecha y hora de su llegada. También les impidió concertar un punto de encuentro a lo largo del trayecto al que acudieran a esperarlos o recogerlos.

 

Tampoco había servicios de transporte establecidos: nada de trenes, ni automóviles, ni diligencias, ni postas.

Ni siquiera había estructuras viarias adecuadas que llegaran más allá de los términos locales: ni carreteras, ni caminos bien acondicionados, ni puentes sobre los ríos. Lo que había eran “infraestructuras”: “roderas de cuartia” en las que a menudo se atollaban o “baltaban” los carros, puentes que eran arrastrados por las “llenas” de los ríos y obligaban a los caminantes a cruzar los ríos y arroyos “a ralda” o con “zancas”; caminos de herradura que eran arrasados por las arroyadas convirtiéndolos en “sendas de cabras”… El escaso tráfico transitaba por “caminos carreteros” o “roderas” en los espacios más llanos y más frecuentados, evitando los fondos de valles y los barrancos y "molderas", y por “sendas de herradura” o “caminos de cabras” en las zonas más pendientes.

Otro aspecto preocupante de su intento era el representado por el clima y sus pronósticos. Pero ¿qué podían hacer? Mirar los horizontes, tal sólo, y aplicar las consejas populares:

Si las nubes van p’arriba,
labradores a la cocina.
Si las nubes van p’abajo
labradores al trabajo.
Si las nubes van pa la Ribera,
labradores a la tartera…

Encarnao pa Omaña,
traerá más frío que agua;
encarnao pa León,
traerá más agua que sol;
Encarnao pa’l Teleno,
podrá traerr malo o bueno.

Damos por supuesta en el caso de estos nuestros “abuelos” la penuria de indumentaria, ropa y calzado, adecuada para transitar las sendas más agrestes y pendientes en unas fechas de clima previsiblemente desfavorable. En sus pueblos podrían vestir unos “tajones”, calzar unas “engorras” y taparse con un “tapabocas”; pero estas prendas no eran bien vistas en el seminario ni en la ciudad de Astorga.

 

No obstante...

Nuestra propia experiencia nos confirma que el entusiasmo juvenil no se arredra ante las dificultades y que los retos son para ser superados en cualquier tiempo y ocasión. Aunque, pensándolo bien, ¡la jornada, en tales circunstancias, se aventuraba verdaderamente comprometida!

También nos dicta nuestra experiencia que los futuros viajeros se agruparían para compartir itinerarios con los que se dirigían a sus mismos destinos y puntos intermedios. Con toda seguridad nuestros tres protagonistas no iniciarían la jornada solos, sino acompañados por otros. En este caso se juntarían con los originarios de La Cepeda y de la Omaña Baja  y juntos acordarían de antemano el horario de salida y la ruta más adecuada.

Veamos el mapa para hacernos una idea del reto que habían de afrontar estos valientes y de las alternativas que se ofrecían para decidir la ruta hacia sus destinos. 

 

 

  1. La ruta amarilla, “Cañada de La Vizana”, era la más frecuentada por rebaños y transportes en carros o caballerías entre Astorga y el norte de La Ribera, La Omaña Baja, Babia y Luna hasta los puertos de La Mesa y Asturias. Transcurre por roderas con desniveles menores y mide aproximadamente 47 kilómetros hasta Santibáñez de La Lomba y 59 hasta Valbueno y Cirujales.
  2. La ruta verde, “Camino Ancho de Astorga a Ponjos”, compartía un tramo con la anterior, y servía al tránsito de carros y caballerías entre Astorga y La Alta Cepeda oriental y La Lomba del Campestedo en La Omaña. Transcurre por roderas, con un tramo por sendas de herradura y grandes desniveles entre El Sierro de La Matona y Los Rasos de La Lomba. Mide 41 kilómetros hasta Santibáñez de la Lomba, y 53 hasta Valbueno y Cirujales.
  3. La ruta azul, “Camino de Astorga a Murias, El Valle Gordo y Laciana”, transitaba por caminos carreteros a lo largo del valle de La Cepeda Baja y por un tramo final de senda de herradura con fuertes desniveles entre El Sierro de Pozo Fierro y Los Rasos de La Lomba. Mide aproximadamente 42 kilómetros hasta Santibáñez de La Lomba, 47 hasta Cirujales y 54 hasta Valbueno.
  4. La ruta negra, ”Camino de Astorga a Ponjos”, variante de la ruta azul,  con una desviación desde Sueros por La Veguellina, Castro y Villarmeriel, que la conecta con la ruta verde en dirección a Ponjos. Tiene distancias apenas más cortas que la ruta azul.

A pesar de las dificultades, la edad de los tres viajeros era tan impetuosa y su deseo de disfrutar la estancia navideña en sus hogares era tan anhelante que no sintieron la menor indecisión para acometer el traslado lo antes posible. A favor de su decidida voluntad contaba, sin duda, la experiencia en semejante jornada que, dada su edad, ya habrían superado más de una vez en ambos sentidos, entre Astorga y sus pueblos de origen.

Pero no dejarían de tomar ciertas previsiones para aprovisionarse y, tal vez, para tratar de localizar la compañía de algún carro o caballería por la ruta que iban a seguir.

Desconocemos pues, por el momento, la ruta que eligieron, pero sabemos que decidieron partir el jueves, 19 de diciembre, antes de clarear. También sabemos qué distancias tendrían que recorrer y debemos considerar que la velocidad de marcha para una caminata tan larga, según los parámetros de los expertos, los iba a obligar a caminar, a paso vivo, durante unas 10 horas, como mínimo.

 

¡Dejémoslos pues que partan enhorabuena!

 

Nosotros continuaremos el relato en sucesivas veladas, al amor de la lumbre de nuestros confortables hogares.


Telemarañas, 18 de diciembre de 2017.

 



Apéndices:

Diccionario de Habla Leonesa y Cepedana:

http://webs.ono.com/esllabon/dicllion/indice.htm

 

Mapas del Instituto Geográfico Nacional:

http://www.ign.es/iberpix2/visor/ 

http://www.ign.es/web/mapasantiguos/#map=5/-1669792.36/4163881.14/0

 

Sobre la Cañada de La Vizana:

http://www.mapama.gob.es/ministerio/pags/Biblioteca/fondo/pdf/4388_7.pdf