Veladas de Navidad 2017

11 - ¡Escribe!


 


In diebus illis audivi vocem de caelo, dicentem mihi: “Scribe: Beati mortui qui in Domino moriuntur; amodo jam dicit Spiritus ut requiescant a laboribus suis, opera enim illorum sequuntur illos”.

En aquellos días oí una voz, procedente del cielo, que me decía: “Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor; dice el Espíritu que a partir de ahora descansen ya de sus trabajos, porque sus obras continuarán sus proyectos”.


 

Cosillina 1ª: Dos de cal.

 

Ayer noche, muy de noche, cuando celebraba con un traguín el hecho de haber concluído la publicación de mi aguinaldo de este año, recibí dos mensajes de alabanza y me complacieron por parecerme que a alguien le había “hecho tilín” mi regalo. Es más: uno de los mensajes me aplaudía en forma emoticonizada, ¡tres veces! ¡Bien, no?

Bueno, llego a sospechar que el de los aplausos actuó, tal vez sin saberlo él, movido más por su subconsciente que por el placer que le hubiera producido la lectura. No en vano, aunque su consciente lo haya olvidado, yo le ayudé a salir del río Órbigo en La Bañeza una tarde de junio de 1963, cuando estaba tragando más agua que una topinera.

¿Recuerdas, Agustín, que saciaste la sed para casi todo el verano?

No traigo a colación este incidente para cubrirme ahora de gloria pasada ni para presumir de ser un héroe - que nunca lo he sido - o de mi valor - que nunca he tenido -. Este hecho no valdría para eso. No tuvo trascendencia ninguna, ni siquiera entonces, por no haber sido un proceder vistoso, ni por su parte ni por la mía. Tampoco fue un proceder ridículo. Pero sí fue cosa de risa.

Estábamos remojándonos en un remanso poco profundo, sin corriente, más abajo de La Corneta. Él no debía saber nadar muy bien y se mantenía por la orilla poco profunda. Yo apenas había aprendido con Natal y mi perro Misuri a flotar y desplazarme sobre el agua, nadando a estilo perro, con el morro bien alto y escarbando el agua con las dos manos como las gallinas - nada de emular a Tarzán -. No obstante, en éste y en otros muchos asuntos, siempre me he valido más de mi “omaña” que de mi fuerza: aquel día me había fabricado, como otros de vosotros, un magnífico flotador-lancha con una gran brazada de carrizas, así que cuando alguien nos alertó del aprieto en que se debatía nuestro organista, me impulsé hacia él, le traspasé el flotador improvisado y salí pitando hacia la orilla.

 

 

Y colorín colorado,

¡feliz nochevieja a todos, amigos y familiares!



Cosillina 2ª: Una de arena.


Pues ayer más tarde, también de noche, más de noche todavía, ¡después del traguín!, tuve una impresión como de sueño. ¿Una ensoñación?

Se me representó, o creí yo ver, un lapiz bicolor que se movía flotando en medio de un vacío iridiscente, como de aurora boreal. A veces se quedaba parado y parecía mirarme. No sé por qué razón digo eso de mirarme, ya que yo no le vi ojos, ¿...?

¡En verdad, en verdad os digo que no aspiro a ser tomado por profeta fundamentalista del siglo XXI!

Sigo: De pronto el lapicero escribió, todo en color rojo, nada en color azul, y yo leí: 

 

“Ay, Herminio, no te mereces más que un deficiente.

Parece mentira que, habiendo recibido el regalo de un argumento tan impresionante y gozando tú de esa inspiración inagotable, no hayas sido capaz de componer algo más notable que este galimatías de conjeturas y elucubraciones sin límite.

El problema es que no has trabajado bien y bastante. Me recuerdas a las mozas de tu pueblo: “cuando mia madre masa, yo m’enfarino, pa que cuente la gente que yo he cernido”. Ni ellas ni tú, por lo que veo, sois capaces de discernir.

¿Sabes qué te pasó? Te lo diré con tus propias palabras para que no alegues incomprensión: que fuiste a la panera, metiste mano al escriño, llenaste la masera de harina y agua, le echaste unas murciadas de sal y te pusiste a esculpir un maragatín para cada uno de tus amigos y familiares. Luego, mucho arrojar, mucho surrascar, mucho furgonero, mucha mundilla, mucho enfornar y enseguida mucho cadadiello y a desenfornar. ¿Y qué pasa ahora? Que cuando les das los maragatindes a tus amigos para que los coman y recen por los muertos, los encietan, los prueban y te miran con una cara que casi quiere decir “que reces tú por los muertos, porque ese pan está jatiao, tiene puisas y areninas que hacen rechinar los dientes, no parece pan de cristiano y no se puede tragar ni a pedazas benditas”.

Yo miraba avergonzado al lapicero, meditaba excusas y réplicas; pero no las encontraba. Y él me habló de nuevo por escrito, como si hubiera oído mis pensamientos:

Te diré lo que debes hacer:

Repasa y concreta el argumento, separa las certezas de las elucubraciones y calla lo que no sepas, no vaya a suceder que de nuevo los hartes de caminar sin saber por dónde ni hacia dónde iban; que de nuevo los sometas a las inclemencias del clima sin saber en qué consistieron; que de nuevo les cantes un villancico-cuento y no sepan si San Wenceslao y su paje le llevaron la cena y la leña al pobre campesino y si éste cenó, al fín, o se quedó con las ganas; que de nuevo saques todas las almas y canes de La Omaña a patrullar sin saber por dónde ni qué tienen que buscar; que de nuevo aparezcan los cadáveres y no se sepa si murieron ahogados o congelados; y que de nuevo se celebre el entierro sin haber confirmado si los protagonistas eran seminaristas o frailes.

En concreto: no inventes cosas innecesarias, no tengas prisa en publicar y ve paso a paso redactando: cierne la harina con la piñera para separar los cogollos, el cascabiello, el salvao, las areninas y otras puisas, ya que el pan no se hace con sucierna, sino con la flor de la harina; amasa bien con hurmiento de varios días, deja dormir la masa hasta que se venga, arroja el horno hasta que se vea bien arreboliado... y cuando luego repartas el pan sabrás que los niños rezan agradecidos y que sus ruegos son preferidos por quien puede cumplirlos.

¿Has entendido? ¡Pues aplícate al ejercicio, a ver si de hoy en un año le podemos cantar alegres al maragatín patín, rabo de cuchar, que calce las abarcas y se marche a bailar!

 

Entonces se esfumaron a la vez el lápiz y sus escritos. ¡Menos mal que yo todavía tengo unas miajas de memoria de las que fiarme para transcribir!

 

Os desearé, al menos,

¡un saludable y próspero año nuevo!


Telemarañas, 31 de diciembre de 2017